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MALA TOS

EDITORIAL

Pasada la jornada electoral del domingo 31 de mayo, los colombianos presenciamos a través de los canales de televisión el deplorable espectáculo de los dos candidatos presidenciales que pasaron a segunda vuelta, utilizando términos de grueso calibre para referirse el uno al otro.

Eso no es lo que merece Colombia. Si estos dos candidatos presidenciales, llamados a dar ejemplo porque en este momento cada uno de ellos representa a 10 millones de colombianos, no son capaces de guardar compostura, ¿Qué le espera al país? ¿En manos de quién vamos a quedar?, pero bueno, se dice que los pueblos tienen el gobierno que se merece.

Se requiere compostura por parte de los candidatos. En lugar de insultos, propuestas: en vez de polarizar, unir. Contundencia es sus postulados para que el voto sea por convicción en favor de uno, y no en contra del otro.

La primera vuelta presidencial dejó varias cosas claras. Por ejemplo, en política 1 más uno no da como resultado dos. Paloma Valencia en la consulta del 8 de marzo obtuvo 3.236.286 votos y Juan Daniel Oviedo 1.255.510, sumados da 4.491.796; sin embargo, el 31 de mayo ambos, en fórmula, lograron apenas 1.639.685. Se les diluyeron 2.852.111 sufragios.

Lo anterior significa que las adhesiones no garantizan la sumatoria de toda la votación de un partido, organización o excandidato en favor de otro, y que todos los momentos políticos son diferentes, lo que realmente motiva, en el caso de presidencia de la república, es la opinión sobre el candidato.

Tampoco funcionaron los votos de estructura ni de organización. La gente votó libremente por el candidato de sus preferencias porque tampoco hubo mucho dinero para transporte, refrigerios y activistas.

La influencia política en el electoral del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cada vez es menor. Realmente él fue el gran derrotado en esta jornada electoral. Se repitió la historia del 2022.

Una vez más, la mayoría de los dirigentes políticos de derecha del país dejaron ver una de sus facetas vergonzosas y características: el engaño y la mentira. Mientras que posaban con Paloma Valencia, a escondidas ya habían negociado con la campaña de Abelardo de La Espriella. De ahí los resultados tanto de ella como de él.

En síntesis, es muy difícil predecir lo que sucederá el próximo 21 de junio en la segunda vuelta presidencial. Cualquiera puede ganar. Abelardo de La Espriella está convencido que votar por él es un honor y un deber para salvar al país, por ello no le cumplirá a nadie, especialmente a los políticos. Iván Cepeda considera que, con los jóvenes, trabajadores y sindicalistas, no necesita de nadie más.

Lo único cierto es que nos esperan cuatro años más de polarización, desinformación e improvisaciones. Mala tos le siento al perro.

Manizales, junio 07 de 2026.

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