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Entre miedos y sueños

TOMADO DE EL PAÍS DE ESPAÑA

Juan Esteban Lewin P.

A pocas horas después de que usted lea este boletín, Colombia habrá votado y sabremos si la elección presidencial se definirá en una segunda vuelta, quién llega a ella, con qué fuerza. Más allá de las propuestas de los 12 candidatos que aparecen en el tarjetón este domingo, más allá de las fuerzas electorales que uno u otro parezca tener en las encuestas, lo que probablemente explique las respuestas a estas preguntas son dos emociones encontradas: el miedo y la esperanza.

Los miedos parecen dominantes. El país vive con más ansiedad y angustia que ilusión, y el temor se manifiesta en dos direcciones opuestas. De un lado, está el miedo por la posibilidad de que la izquierda que representan el presidente Gustavo Petro y el candidato Iván Cepeda siga en el poder. Es un sentimiento que tiene historia: la derecha lo ha agitado desde hace más de una década, en buena medida recordando el fracaso del chavismo en Venezuela. Lo hizo con el suficiente éxito como para haber ganado en el plebiscito sobre el acuerdo de paz con las FARC en 2016.

Del otro lado, está el miedo al regreso del uribismo en cabeza de la senadora Paloma Valencia o, peor aún, a que llegue la ultraderecha que representa el abogado Abelardo de la Espriella. Este tiene algo de miedo a lo desconocido, pero también mucho de temor recargado frente a lo que ha ocurrido con figuras de esa línea en América Latina: la deriva autoritaria de Nayib Bukele en El Salvador, los recortes abruptos de Javier Milei en Argentina, las decisiones de Donald Trump en Estados Unidos.

Pero la elección no se trata solo de miedo. También hay ilusiones. Está el sueño de mantener un gobierno de izquierda, de sacar adelante las reformas sociales que Petro no pudo ejecutar, de tener un defensor de derechos humanos con mayor capacidad de gestión que el presidente saliente. Y está el sueño contrario: recuperar el orden fiscal, tener un presidente que ponga la seguridad entre sus prioridades, resolver la crisis del sistema de salud. Valencia, incluso, propone otro sueño: el de unir a Colombia, sumar en la diversidad.

Entre esas emociones —alegres y tristes, esperanzadoras y angustiantes— se plantea una dicotomía en la que las posturas moderadas parecen tener poca receptividad. Las urnas esperan a los 41.421.973 colombianos habilitados para votar, dentro y fuera del país. El domingo sabremos a cuál de esas emociones le apostaron. Y para saberlo, les ofrecemos todo nuestro cubrimiento electoral. Los esperamos en nuestra página y en nuestras redes. Sin miedo y con mucha ilusión.

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