Chinchiná vuelve a ser noticia por lo que nunca debería normalizarse: un nuevo caso de fleteo, ocurrido nada menos que en pleno parque municipal, a la vista de todos. Mientras tanto, los informes oficiales insisten en mostrar una realidad optimista que no coincide con lo que viven a diario los ciudadanos. En la calle no se perciben los supuestos avances; se percibe miedo, desconfianza y una creciente sensación de abandono.
La pregunta es inevitable y cada vez más frecuente: ¿dónde está el alcalde? Desde hace meses su presencia es prácticamente inexistente. No se le ve recorriendo el municipio, no se le escucha reaccionar con firmeza frente a los hechos y no se siente un liderazgo claro en materia de seguridad. Ante las críticas, el discurso ya es predecible: se dirá que todo obedece a ataques de enemigos políticos o a exageraciones en redes sociales. Sin embargo, los hechos no se inventan. La delincuencia avanza y la ciudadanía lo sabe.
El deterioro del espacio público es evidente. El aumento de habitantes de calle, sin una política integral y efectiva de atención y prevención, se suma a un ambiente de inseguridad que afecta a comerciantes, trabajadores y familias enteras. Salir al parque, hacer una diligencia o retirar dinero se ha convertido en un riesgo que antes no se sentía con esta intensidad.
La Policía continúa cumpliendo su labor, pero lo hace prácticamente sola. Basta revisar la inversión en seguridad de los últimos dos años para entender la desmotivación y la sensación de soledad institucional. Hay poco respaldo, pocos recursos y un acompañamiento débil desde la administración municipal. No se puede exigir resultados distintos cuando no se brindan las herramientas mínimas para garantizar la seguridad.
Chinchiná no necesita excusas ni confrontaciones en redes sociales. Necesita autoridad presente, liderazgo real y decisiones firmes. Mientras el gobierno local se ausenta, la inseguridad ocupa su lugar. Y eso, lamentablemente, ya lo estamos viviendo.













