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¡Habemus candidatum!

Por: Mario Arias Gómez

De cara a las elecciones presidenciales del 2026, Carlos Felipe ‘PIPE’ Córdoba Larrarte —nueva estrella política en ascenso— se inscribió como precandidato del “siempre glorioso y sempiterno Partido Conservador” bajo el lema “Volvamos a confiar”. Lo hizo con el respaldo de 10 de los 15 senadores y 16 de los 27 representantes que componen la Bancada azul en el Congreso.

Esta expresión del “siempre glorioso y sempiterno Partido Conservador” fue inmortalizada por el encomiado —hasta las nubes— e incontaminado expresidente Guillermo León Valencia, el inolvidable “León de Paletará”.

El Directorio Nacional será finalmente el que decida el mecanismo para la selección del candidato único. En mi condición de convencionista, celebro de veras, sin eufemismos, reserva alguna ni titubeos, la apertura que implica la acogida mayoritaria de su nombre, como reconocimiento a su limpia trayectoria, ajustada a los principios, valores y tradición encarnados por sus fundadores, Caro y Ospina, practicante de su austera vida personal.

Este hecho político de inusitada trascendencia sin duda marca el comienzo de la necesaria y realista reconfiguración y renovación doctrinaria, en aras de la cohesión con visión de futuro, y de hondo y profundo sentido de colombianidad. Antepone absolutamente —en un contexto de generalizada desconfianza— el restablecimiento del orden, la autoridad y el rumbo.

En estas miras, irrumpe la joven figura de Córdoba Larrarte, un dirigente fogueado, propositivo, capacitado, con autoridad moral, ética y claridad ideológica que lo califican y representan una ruptura generacional, alejada de los cuestionamientos, mañas y resabios del viejo sistema político.

No hace falta ser un genio de la política, de la prospectiva, ni es necesario ser un fino observador y analista para entender, comprender y darse cuenta del presente, así como para vislumbrar el futuro que la reelección del petrismo le depararía a Colombia. Este es el origen de todas las desgracias y males que la acosan, la padecen y sufren los ciudadanos que olvidan la historia y los valores fundantes de la nacionalidad, los cuales son pisoteados y vejados por el abominable alias Aureliano, maloso presidente-guerrillero, Petro, pérfido, pervertido zorro político y demagogo consumado.

Heredero del artificioso credo socialistoide, sostén de la agónica narcodictadura fortalecida a través del empalagoso, letal y sectario Cártel de los Soles, montada sobre la sofística “justicia social” que devastó a Venezuela; pulverizó la democracia, la institucionalidad y la libertad, mediante la judicialización de la política, la persecución de los opositores y la corrupción, provocando la imparable diáspora de más de nueve millones de venezolanos que deambulan sin esperanza por el mundo, huyendo del hambre, la represión y el despojo.

Cáncer ideológico que hizo metástasis en Colombia, donde la arrogante, diabólica, idiotizada, parasitaria y reincidente caricatura de Maduro, aliado incondicional de la narcodictadura, hace y deshace; replica la podredumbre, el saqueo que secuestró con su banda la dignidad y la moral del país, hoy al borde del colapso, resultas del extravío moral, la demolición institucional y el populismo ideologizado y politizado, moldeado a sus protervos intereses, ajenos al bien común.

En tiempos de incertidumbre y miedo, de caos, descontento e inseguridad que acorralan a los pueblos, estos optan por liderazgos firmes, fuertes, previsibles, de alta exposición pública, con claridad ideológica y vocación de mando, que rescaten la democracia, la institucionalidad, la libertad, la soberanía y el Estado de derecho. Esto fuerza el giro pendular del poder hacia la derecha, como ocurre actualmente en el mundo. La paciencia colectiva se agotó con el fracasado experimento izquierdista.

Frente a ese Frankenstein ideológico que amenaza con perpetuarse a cualquier precio, y en el entendido de que en la política no existen endosos automáticos de votos, irrumpe una alternativa creíble: ‘PIPE Córdoba’, con visibilidad nacional, con una sólida formación académica, experiencia y perfil técnico; con un discurso serio, sin odios reciclados, centrado en los valores fundantes de la sociedad. Digno representante de la centro-derecha (sin maquillajes), antípoda del libreto socialistoide en comento que no construye, destruye; no corrige, corrompe, adormece. Política que hundió al país en el fango del narcoterrorismo, la improvisación y el relativismo moral.

Dicho —en voz alta— al oído del muy tibio Sergio Fajardo: Permanecer callado, indiferente, neutral ante el impensado, inconmensurable daño infligido al país —de proporciones tectónicas— es una infamia, una cobardía, complicidad, una traición imperdonable.

‘PIPE’ encarna —repito— la renovación, representa una ruptura generacional real; encauza a un electorado joven y creciente, harto del engaño ideológico, con el cual se identifica. Reclama —sin ambages, complejos, nostalgias—, por mera supervivencia, rescatar el orden, la autoridad, el carácter, el mérito, el trabajo y la nación. No promete paraísos ficticios. Su condición de joven lo convierte —ipso facto— en vehículo —reitero— de renovación y alivio social.

P. D. Columna en receso por vacaciones.

Bogotá, D. C., 13 de diciembre de 2025.

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Carlos Felipe Córdoba Larrarte
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