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LA EXPLICACIÓN

EDITORIAL

El primero de septiembre de 1932, 50 hombres aproximadamente entre militares y civiles peruanos, tomaban por sorpresa el puerto de Leticia en el Amazonas que desde 1922 había sido reconocido como territorio colombiano por el tratado Lozano-Salomón, hecho que dio origen a la guerra con Perú.

El presidente de la república era el liberal Enrique Olaya Herrera y se vivía una época de grandes tensiones partidistas y enfrentamientos entre liberales y conservadores; sin embargo, la agresión peruana generó una ola de patriotismo en todos los rincones del país, y entre las múltiples acciones para recolectar fondos para la guerra, una de las más llamativas fue la donación de argollas matrimoniales fabricadas en oro y reemplazadas por unas de plata en las que se leía Pro Patria. En materia política, el mayor gesto de nacionalismo la dio el jefe de la oposición al gobierno nacional, el conservador Laureano Gómez, quien en una proclama en el Congreso de la República dijo “paz, paz en lo interior, guerra, guerra en las fronteras”.

Los tiempos han cambiado y el patriotismo de aquella época ha sido reemplazado por las pasiones partidistas y politiqueras de una clase dirigente no adepta al poder de turno, a quienes les importa un carajo si nuestro país o sus gobernantes son agredidos por otro de cualquier forma. Hace pocos meses los peruanos se apoderaron de la isla Santa Rosa en el río Amazonas, frente a Leticia, y el presidente Gustavo Petro no tuvo ningún respaldo en su reclamo; ahora, el gobierno estadounidense agrede a Colombia de diferentes formas como la amenaza constante de aumento de los aranceles y la suspensión de la ayuda militar, y los vendepatrias huérfanos del poder salen a aplaudirlo.

Juan Armando Corbín, argentino, licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, máster en Recursos humanos y experto en comunicación empresarial y coaching, publicó un ensayo sobre los rasgos de la personalidad de Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos, del cual se puede deducir claramente que estamos ante un desquiciado mental que pretende ser el policía del mundo. Dice este afamado tratadista:

1. La faceta narcisista de Trump

Donald Trump presenta unos rasgos narcisistas muy marcados. Lo que caracteriza a las personas narcisistas es la necesidad de ser admiradas y de tener poder… En la personalidad de Donald Trump esta tendencia hacia el narcisismo se plasma en su ostentación de la riqueza y sus ganas de buscar admiración. Tanto la torre dorada que lleva su apellido en la Quinta Avenida de Nueva York, como su libro “Cómo hacerse rico”, por ejemplo, muestran esta voluntad de posicionarse como una figura a admirar… Donald Trump está donde quería estar: dominando el mundo.

2. Megalomanía trumpiana

El narcisismo está muy relacionado con otra vertiente de la personalidad de Trump: su megalomanía, la creencia de que uno mismo tiene mucha importancia sobre lo que ocurre en su entorno y que se tiene el poder y el derecho de cambiar la vida de los demás tal y como uno quiere.

En el caso del presidente de los Estados Unidos, esta parte de su personalidad basada en ideas de grandeza se revela en la falta de humildad con la que ha tratado a sus rivales políticos, a pesar de que ellos tuviesen más experiencia en política y, por lo tanto, mayor capacidad para crear pautas de acción políticas eficaces..

3. Tendencia a la manipulación

Trump está donde está porque es un gran manipulador. El magnate norteamericano ha recogido muchos votos gracias a su discurso impreciso y basado en ideas poco definidas, ideales para hacer que su significado cambie con el paso del tiempo de acuerdo a una lógica oportunista. Esta estrategia de discurso (que algunos llaman populismo), es perfecto para ganar votos de gente que históricamente se ha sentido ignorada por los políticos profesionales y que estaba esperando a alguien que presentase un discurso estridente y rupturista para depositar sus confianzas en esa fuerza emergente asestando un duro golpe al establishment.

En definitiva, el discurso de Trump es el indicado para manipular a las personas apelando a grandes pasiones e ideas fáciles de entender por su arraigo cultural en la sociedad occidental.

4. Piensa que el mundo gira en torno a él

Las personas narcisistas piensan que el mundo gira en torno a ellos. El presidente de los Estados Unidos dice estar preocupado por los problemas de la gente, pero su falta de sensibilidad hacia minorías revela que no se preocupa demasiado por lo que es un poco diferente a él mismo.

Donald Trump no deja de ser un “showman”, y muestra una imagen que puede llegar a ser perturbadora simplemente para estar allí donde se sitúan los focos de la prensa, sea cual sea el resultado.

5. Es racista

Donald Trump durante su campaña hizo declaraciones racistas como su propuesta de construir un muro que separe México de Estados Unidos, lo cual revela su manera de pensar segregadora y excluyente.

En sus discursos, no han dejado de sonar declaraciones racistas y xenófobas, no solo contra los mexicanos sino también contra la comunidad musulmana. Esto indica que Trump tiende a categorizar a las personas según unos conceptos muy rígidos que marcan cuál es la frontera entre «los suyos» y «los demás». En este caso, su grupo de referencia está relacionado con la idea de ciudadano estadounidense blanco y cristiano.

6. Es autoritario

Las referencias hacia México fueron la constante en el discurso electoral de Trump. Vicente Fox, expresidente mexicano, explicó en una entrevista que “estaba más preocupado por el autoritarismo de Trump que de los insultos y desprecios hacia México”.

De hecho, en una clara manifestación de autoritarismo, Trump expulsó de una rueda de prensa al periodista mexicano Jorge Ramos, muy crítico con su política antiinmigración.

7. Es prepotente y arrogante

Trump se cree superior a los demás y trata a las personas como si fuesen inferiores. En multitud de ocasiones ha tratado a la gente con desprecio no por sus ideas, sino por su «condición innata». Sus muestras de machismo son un ejemplo de ello, ya que muestran hasta qué punto cree que tiene razón sobre ellas por el simple hecho de ser un hombre.

8. Es misógino

Durante su campaña electoral realizaba comentarios sexistas. Se ha hablado mucho de cómo el presidente trató a Alicia Machado, la elegida Miss Mundo en 1996, de origen venezolano. Según ésta, “viví momentos muy humillantes. Es un hombre déspota, frío y calculador. Tiene muy poca consideración hacia la gente que él cree es inferior». Aunque las acusaciones de varias mujeres contra Trump no se sostengan en pruebas, hemos podido ver como el magnate ha sido «cazado» haciendo comentarios machistas.

9. Menosprecia a los demás

Trump desprecia a los que considera que son inferiores. Se cree único y critica constantemente, así quiere demostrar que es poderoso y que es mejor que los demás. Este es otro de los rasgos característicos de las personas narcisistas: su facilidad de encasillar a los demás en roles de sumisión.

10. Necesita ser admirado

Algo que caracteriza también a las personas narcisistas es su constante necesidad de admiración. En el caso de Trump, esto se revela en varias de sus apariciones públicas en las que busca captar el protagonismo con un lenguaje no verbal expansivo e incluso fuera de lugar, y tweets en los que habla de manera gratuita acerca de sus logros. Siempre quiere que los demás lo admiren. Esto le hace sentir especial y único.

11. Carece de empatía

Las personas empáticas saben ponerse en la piel de los demás y comprenden sus emociones y sus necesidades. Solo hace falta escuchar el discurso de Trump durante 10 minutos para darse cuenta de que no es precisamente una persona empática. De hecho, basa sus ideas en prejuicios y estereotipos, por eso ataca de la manera que ataca a distintos colectivos y minorías.

12. Es extravertido

Trump es claramente una persona extravertida, disfruta cuando está rodeado de otras personas y le gusta expresarse en eventos públicos. Para el psicólogo Dan P. McAdams, Trump presenta dos rasgos de personalidad muy marcados. Extraversión alta y baja amabilidad, y por tanto, tiende a ser insensible, grosero, arrogante y carente de empatía.

13. Siente ansias de poder

Trump, como ya se ha dicho, tiene ansias de grandeza. Pero no solo esto, sino que tiene ansias de poder. Ser presidente de Estados Unidos significa tener el mundo prácticamente bajo tu control, al marcar la agenda de la geopolítica y ser capaz de desestabilizar otros países. La imprevisibilidad de Donald Trump tiene en vilo a la población mundial.

14. Es intolerante

Las personas intolerantes están llenas de prejuicios, discriminan, no escuchan, son autoritarias. Todas estas características las presenta Donald Trump, que ya ha manifestado, en muchas ocasiones, lo que tiene pensado hacer con buena parte de los inmigrantes.

15. Es agresivo

Trump es una persona agresiva y en alguna ocasión se le ha visto atacando a muchas personas. De hecho, las personas intolerantes ven a las demás como amenazas. No aceptan la crítica y cuando la reciben suelen actuar de forma hostil. Al ser discriminatorios y fanáticos de sus ideas, suelen ser agresivos ante otros individuos o grupos.

16. Es fanático

Trump es fanático de sus ideas, por eso las defiende con una pasión exagerada y a veces desmedida. Este fanatismo es caldo de cultivo para el conflicto entre grupos pero también entre personas, que pueden experimentar un efecto contagio del esencialismo de Trump.

La idea de que el Inglés es el idioma de los Estados Unidos, por ejemplo, ha sido expresada por él mismo y ha calado en parte del electorado, a pesar de que los EEUU no tienen idioma oficial.

Después de leer este perfil psicológico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entendemos su actitud hacia el presidente de Colombia, Gustavo Petro, el único de un país subdesarrollado que no se le ha arrodillado, ni rendido pleitesía, además de desafiarlo y dejarlo en evidencia en las Naciones Unidas y las calles de Nueva York.

Pensilvania, octubre 26 de 2025.

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