Opinion

SOÑAR EN GRANDE

EDITORIAL

Conocidos los planes de desarrollo 2024 – 2027 de los 27 municipios de Caldas, al igual que el departamental, se puede concluir que casi en su totalidad, se caracterizan por la falta de ambición en sus metas.

Los ejecutivos y sus equipos de planeación optaron por la fácil, por colocar metas pequeñas para que puedan ser cumplidas fácilmente sin mayor esfuerzo y de esta forma salir a decir en diciembre de 2027, que cumplieron a cabalidad sus planes de desarrollo, engañando de esta forma a sus gobernados

De acuerdo con lo planteado en estos planes de desarrollo, se limitarán a administrar lo que les llegará por Ley y su labor de gestión será nula prácticamente. No obedecen a las realidades y necesidades de sus regiones y comunidades.

Son planes sin proyectos ambiciosos que obligarían a la sinergia de todas las fuerzas de los municipios o del departamento para conseguir propósitos grandes.

Las apuestas de nuestros gobernantes de turno son pequeñas, tímidas, de jugador principiante. Bien dice la sabiduría popular: «Hay que aspirar a ser Papa para llegar a ser sacristán» significando con ello que las metas siempre deben de ser muy altas.

Solamente el Concejo del municipio de Risaralda tuvo la responsabilidad y sensatez de negarle el proyecto del plan de desarrollo al alcalde porque después de un análisis exhaustivo determinaron que las metas propuestas eran muy bajas.

En el departamento vuelven a ser proyectos estratégicos los mismos de hace 3 décadas y que seguirán apareciendo en los planes de desarrollo de los próximos años como Aerocafé y Miel II.

Nuestra clase dirigente en todos los niveles tiene que recuperar la grandeza de otras épocas en las que se fijaban grandes proyectos y salían todos al unísono a trabajar por ellos ante el gobierno nacional.

La falta de recursos no puede ser justificación para las metas poco ambiciosas. Entre mayores dificultades, mayor iniciativa y gestión deben de tener los gobernantes territoriales.

Tenemos que poner a soñar a Caldas en grande otra vez, así como en otrora fuimos protagonistas a nivel nacional, no podemos quedar relegados en el olvido o en nuestras aspiraciones conformistas. Esta es una buena oportunidad para que reflexionemos:

¿Están nuestros gobernantes priorizando el bienestar y desarrollo sostenible de nuestras comunidades al establecer metas en sus planes de desarrollo o están conformándose con lo mínimo?

¿Cómo pueden nuestros líderes justificar la falta de proyectos ambiciosos cuando hay tantas necesidades urgentes en nuestras regiones?

¿Estamos, como ciudadanos, evaluando adecuadamente las propuestas de nuestros candidatos antes de votar, o nos dejamos llevar por liderazgos carismáticos, promesas fáciles y poco ambiciosas?

Pobres pueblos con gobernantes con tan poca visión como muchos de los nuestros.

Manizales, junio 16 de 2024.

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