Opinion

AEROPUERTO DEL CAFÉ, MUCHO MAS QUE UNA INFRAESTRUCTURA QUE NECESITA EL DEPARTAMENTO DE CALDAS *

A la hora de justificar la construcción del Aeropuerto del Café son muchas las razones que se argumentan, según la experticia y el campo de acción de los interesados: facilita el comercio y el turismo regional, mejora y fortalece la infraestructura de transporte, crea condiciones para la competitividad, suple las precarias condiciones del Aeropuerto la Nubia, es una necesidad colectiva de la ciudad de Manizales y del departamento de Caldas los cuales merecen y precisan un mejor aeropuerto, en fin, existen fundamentadas  y valiosas razones, sin embargo es preciso en esta coyuntura del proyecto, reflexionar sobre algunos hechos tangibles: el Aeropuerto del Café es el conjunto de todo lo que se ha dicho y más; es lejos el macroproyecto de este tipo más importante del departamento de Caldas y de la región; su  importancia  fue reconocida por el Departamento Nacional de Planeación, el  Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el  Ministerio de Transporte y la  Unidad Administrativa Especial de Aeronáutica Civil, quienes declararon  su jerarquía estratégica para el país en el CONPES 4026 de 2021, por tratarse de una iniciativa de desarrollo, concebida  para impulsar la conectividad aérea y el crecimiento económico de la región y de la nación.

Con una longitud final de pista de 3800 m y con la capacidad de servir de aeropuerto alterno a Bogotá, Medellín y Cali, los principales centros económicos del país, el aeropuerto inició su construcción en el año 2005 y aun sin construirse, ha generado proyectos de desarrollo locales y regionales, toda vez que es el eje articulador del ordenamiento de los municipios de las subregiones centro sur y parte de las subregiones norte, alto y bajo occidente de Caldas, e incluso de algunos municipios de Risaralda como Quinchía, Santa Rosa y Dos Quebradas, influidos positivamente en su conectividad por los macroproyectos Pacífico III y Autopistas del Café; municipios tales como Manizales, Palestina, Neira, Aranzázu, Salamina, Pácora, Filadelfia, Viterbo, Risaralda, San José, Anserma, Belalcázar, Chinchiná  y Dosquebradas, los cuales ya iniciaron la elaboración o cuentan con sus planes de ordenamiento de segunda generación, han visto en el proyecto un motor de desarrollo  y han planificado o planificarán con base en él, estrategias estructurales para mejorar sus condiciones de vida; el aeropuerto del Café  tramitó con éxito las licencias y los permisos ambientales, los  estudios técnicos  y diseños que soportan su construcción y finalmente, es trascendental  para la región disponer de una infraestructura logística con proyección internacional que facilite la intermodalidad, articulada al resto de modos, a los principales corredores logísticos del país y en especial a los macroproyectos funcionales Pacífico III, Autopistas del Café y los planificados y/o en rehabilitación Tren del Pacífico y Tren de Occidente, los cuales acoplarán el Eje Cafetero a la conexión con Ecuador, al Puerto de Buenaventura, al departamento de Antioquia, a sus puertos de Turbo y a su futura conexión férrea con el Pacífico, además de las redes férreas del centro y nororiente del país que conectan con la costa atlántica; por último se tiene  el Tren del Café que conectará a La Dorada con el Km 41 en jurisdicción de la ciudad de Manizales, nodo logístico y área logística nacional de consolidación de carga, que se articulará con un modo de gran eficiencia y economía al centro y el occidente de Colombia.

Por todo lo anterior, el Aeropuerto del Café tiene una innegable incidencia en la economía de Caldas, de Manizales su capital, de las subregiones y ciudades de influencia y se traducirá en opciones de competitividad, de desarrollo e integración local, regional y nacional y de fortalecimiento logístico, en la perspectiva de incrementar la productividad y la competitividad de las empresas caldenses generadoras y receptoras de carga y de servicios, de reducir las externalidades negativas de dicha operación y en general, de mejorar las condiciones de vida de los habitantes del territorio; así mismo, tiene un gran valor de oportunidad para el pueblo Caldense reconocido por su vocación ancestral exportadora.

* Por: Norbey Castro Gil – Ingeniero Civil Msc en desarrollo regional y planificación del territorio.

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