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Petro *

En el año 2006 Colombia por primera vez desde la última elección de Alfonso López Pumarejo, tenía un Candidato-Presidente. Álvaro Uribe Vélez logro tramitar en el congreso una reforma constitucional, que le permitiría torcer el equilibrio de poderes de la constitución del 91, para lograr bajo lo que el llamo, “el Estado de Opinión”, alzarse en las urnas como presidente por segunda vez.

Desde esta reforma se avizoraba por algunos, lo que sería el movimiento Uribista que, sin duda con algunos logros militares, tendría como común denominador, la concepción de un Estado, de la Constitución, la democracia, la vida y la dignidad humana, como una simple mención en la carta magna, prevaleciendo por ellos el discurso del todo vale con tal de salvaguardar la tradición, la empresa, la propiedad privada y la familia tradicional católica.

En otra orilla de esa elección, se encontraba el jurista y maestro constitucionalista Carlos Gaviria Díaz, la antítesis a toda la teoría Uribista, una mente que, como pocas en el país, logro defender desde la Corte Constitucional, y desde la exposición de las ideas liberales, ojo, no del partido Liberal, sino las ideas de libertad y vida, el propósito altruista y altivo que inspiro a la constitución del 91.

Con la designación de Carlos Gaviria como candidato, nació el Polo Democrático Alternativo, una fusión de dos estructuras políticas, claramente de izquierda. Por primera vez en muchos años, la izquierda colombiana lograba la segunda posición en una elección presidencial, luego de un exterminio social y humano por parte de las fuerzas oscuras del establecimiento, y de la misma guerrilla comunista.

El discurso de Carlos Gaviria era un discurso distante del populismo, con claras ideas liberales y de reivindicación social, muy mal entendido por las masas, pero encarnando en su dialéctica las ideas de un cambio social en Colombia, como antes de él, lo exponía también Luis Carlos Galán.

Hoy aun cuando los medios, y a conveniencia de algunos, pretenden enfocar el discurso proselitista entre izquierda, derecha y centro, estamos realmente en manos de un populismo exacerbado por parte de casi la totalidad de los candidatos a la presidencia, en el 2006 si había ideología de por medio.

Y con todo el peligro del populismo, demostrado recientemente con el peligroso segundo mandato de Uribe y el torpe e ineficaz gobierno de Duque. No me queda duda de por quién será mi voto.

Por respeto a los lectores un opinador de política debe señalar su inclinación electoral, y en momentos previos a una elección, su intención de voto.

Votaré por Gustavo Petro.

Fajardo ha demostrado no tener el criterio suficiente para tomar decisiones firmes en momentos en los que se le ha reclamado el ejercicio de su liderazgo.

Federico Gutiérrez, siendo más de los mismos con las mismas, es la síntesis del continuismo atrevido, grosero e intimidatorio, que a fuerza de lo que sea pretenden seguir con el poder, incluso por encima de la constitución y de la vida, porque “Plata es Plata” no importa de donde venga.

Rodolfo Hernández es tan peligroso como atrevido, no es sino ver sus listas a la Cámara de Representantes en Santander para entender que su lucha contra la corrupción, no es sino una lucha contra los que no acuerdan con él.

Gustavo Petro no es lo que los petristas quieren hacer ver, ya lo he dicho, de seguro dejará muy frustrado a sus electores que creen que el será un cambio inmediato a las desigualdades de nuestra nación, pero sin lugar a dudas es un cambio, un cambio en el discurso, y en la forma de ver este país.

Pero más allá de lo anterior, Petro logro recoger la indignación popular que fácilmente podría derivar en violencia, pues si este país no cambia por las vías democráticas, la inercia y la presión social, querrá cambiarlo a fuerza de protesta tal vez derivada en desorden y anarquía.

Con Petro las aguas de la indignación y la revuelta social se calmarán, pues no habrá otra pandemia que en los próximos años lo haga, de no haber aparecido el COVID de seguro las manifestaciones del 2019 y 2020 hubieran llevado a nuestra nación a una peligrosa anarquía, pues la sociedad no solo está cansada del abuso corrupto de los mismos, sino del descaro de sus acciones. De la grosera manera en que tuercen la ley para sí mismos.

Votaré por Petro para evitar que sigan los mismos, para que lleguen otros, y para acompañar la voz indignada de muchos que hoy requieren de una sensación de cambio urgente.

* Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Twitter:@AlejandroLSFD

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