Opinion

13 DE MARZO – DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN *

Para que se pueda hablar de la existencia de una verdadera democracia se deben dar  un mínimo de condiciones, porque de nada sirven los derechos si no tenemos posibilidades de ejercerlos, la ley no le prohíbe a nadie ingresar a la universidad, pero si se lo niega  la vida, las circunstancias económicas, donde centenares de colombianos no tienen la libertad de educarse, la salud es un derecho, pero al momento de   ejercerlo el estado no le facilita esa asistencia por la irregular política  hospitalaria, el campesino que es desarraigado de su parcela y le toca salir a buscar la ciudad dónde vivir de tuguriano, porque el estado no le brinda una vivienda digna, de allí que se sostenga que no es suficiente decir que se tiene democracia, es importante definirla en términos de igualdad de posibilidades.

Bien lo señalaba el autodidacta profesor Estanislao Zuleta, es casi una burla para una población decir que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, si no lo son ante la vida. Si no hay igualdad, la ley se convierte en una burla.

Ahora bien, de que sirve hablar de participación,  término muy de moda en esta época electoral, palabra introducida en nuestra carta en la Constitución del 91, cuando es un secreto a voces el cuestionamiento que se le hace  a ciertas instituciones, entre ellas al actual sistema electoral, por la desconfianza ciudadana  para que se le respete su voto, que su voluntad popular no sea falseada para poder hablar de una auténtica democracia, donde brille el acatamiento a la voluntad del constituyente primario, anhelo que esperamos se dé en la elección del próximo domingo.

Recuperar la credibilidad de los partidos hacia la sociedad es la urgencia máxima, con voceros calificados, con un limpio pasado y un contacto directo con la militancia, como única fórmula para reconstruir el vínculo partido – sociedad.

Adenda: Cómo quisiéramos que en estas elecciones salga fortalecida la poca democracia colombiana,  con un llamado para que los partidos políticos se  vinculen con sus electores con una ideología y  programas coherentes, no permitiendo que sean reemplazados por unas alianzas o coaliciones coyunturales que solo persiguen arrimar unos votos para satisfacer ambiciones electorales personales, donde la política programática brilla por su ausencia, imponiéndose la manía de los acuerdos englobantes, de buscar apoyos en los más diversos grupos por medio de la capacidad de negociación, máxima virtud clientelista que ha producido entre nosotros genios de la vaguedad, alianzas que seguramente se disolverán para diseñarse otras para afrontar el debate presidencial.

* Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

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