Opinion

AQUÍ PENSANDO *

La baja participación de los jóvenes en las pasadas elecciones de Consejos Municipales de Juventud (CMJ), puede tener diversas interpretaciones, según cada pensamiento, interés o mirada ya sea parcial o imparcial.

La primera lectura es la que generalmente ha rondado por la cabeza de la dirigencia política del país: a los jóvenes no les interesa salir a votar porque les da pereza, sí, pereza, ¿quién se va a levantar un domingo para ir a votar por una persona por la cual no siente empatía?, o aún sintiéndola, les da lo mismo porque siempre los que deciden son otros y con su voto no cambiarán la situación.

La segunda lectura es que definitivamente los jóvenes piden un cambio: que no exista más corrupción, que se acabe la vieja politiquería, como le dicen… pero el esfuerzo que lo hagan otros, ¿por qué tengo que ser yo quien aporte el primer grano de arena? “Cuando se vea que las cosas sí cambian, entonces si saldré a votar”.

La tercera lectura es que faltó pedagogía, difusión y acompañamiento de los organismos encargados de las elecciones: los jóvenes que estaban participando querían hacer algo diferente a lo tradicional, pero no nos digamos mentiras, en algunos casos se denunciaron compra de votos por los viejos políticos. Eso es lo que les enseñan a los jóvenes, debieron mejor darles una lección.

Algunos otros señalan que en estas elecciones participaron los mismos políticos de siempre apoyando a sus partidos en las elecciones de CMJ: ¿será que éstos no se enteraron que existía la posibilidad de hacer inscripción de listas como independientes o por grupos organizativos diferentes a los políticos, para los cuales la misma ley señala que un 40% sería para los independientes, que el 30% para los de procesos o prácticas organizativas y solo el 30% para los partidos y movimientos políticos?

Así mismo, ¿cómo pudo ser posible que, ante la participación de jóvenes desde los 14 años, es decir, aquellos que aún se encuentran en edad escolar, muchos docentes y rectores no permitieron que los jóvenes candidatos pudieran hacer su campaña de difusión al interior de los colegios? O en el caso los jóvenes del campo,¿ellos no tenían derecho a participar de las elecciones o era un gasto innecesario?, porque por ningún medio se dispuso que ellos pudieran participar. Y no sólo se habla del transporte, quizás la ubicación de mesas de votación en zonas veredales hubiera garantizado su participación.

Ahora, ¿cuál fue la pedagogía para enseñar a votar?: hablamos que de un total de votantes en el país, 12.282.273, participaron 1.273.443 jóvenes, pero 290.409 votos fueron nulos, es decir, el 22.80%, ¿realmente hicimos bien la labor con ellos? Caldas no fue la excepción, de 221.571 habilitados para votar, lo hicieron 23.876, de los cuales 7.215 fueron nulos, es decir un 30.21%.

Entonces, ¿qué fue lo que realmente falló en las pasadas elecciones juveniles? ¿Realmente los jóvenes no quieren participar, o no les damos la suficiente información para que lo hagan como debe ser y no como les imponen que sea? Es triste, además, que con todos los beneficios que conllevaba votar: descuento en matrículas, descanso remunerado en el trabajo, descuentos para la expedición del pasaporte, reducción del tiempo de prestación del servicio militar, beneficios en vivienda y en los concursos de acceso a laborar con el Estado, entre otros, ni siquiera por eso hayan salido a las urnas o tampoco se enteraron.

* Por: Cristina Otálvaro Idárraga-Abogada; Conciliadora en Derecho; Especialista en Gestión Pública, en Derecho Constitucional y Parlamentario y Derecho de Familia; Magister en Políticas Públicas.

Lo más visto



Subir