Opinion

Las preguntas del momento

La gente pide cada vez con mayor insistencia un mecanismo de unión entre los candidatos moderados.

Por: Mauricio Cárdenas Santamaría – Precandidato Presidencial – Exministro de Hacienda.

Al recorrer el país para presentar mi nuevo libro, Cómo avanza Colombia, y participar en los foros que realizan los diferentes gremios, me ha llamado la atención que lo que la gente pide cada vez con mayor insistencia es un mecanismo de unión y convergencia entre los candidatos moderados y pragmáticos.

¿Cómo se van a unir? es la pregunta recurrente. Una opción es dejar que el propio proceso electoral, con sus reglas de juego convencionales, ofrezca la salida. Eso implica esperar a la segunda vuelta para armar coaliciones en torno a dos finalistas.

Optar por ese camino sería un desastre. ¿Qué pasaría si una opción de centro efectiva y moderna no pasa a la segunda vuelta? En ese caso tendríamos que escoger entre los radicalismos de izquierda y derecha, es decir, optar entre un salto al vacío o seguir con más de lo mismo. Dado el bajo nivel de favorabilidad del actual gobierno, y la gran cantidad de crisis que están ocurriendo de forma simultánea, mucho me temo que la opción de izquierda –que prefiere el prefijo anti y pocas veces el pro– tendría las de ganar. Si miramos las encuestas del último año, en las que Gustavo Petro puntea de manera consistente, hay sobradas razones para pensar que este es un escenario de alta probabilidad.

En las conversaciones con inversionistas, nacionales y extranjeros, surge con cada vez mayor frecuencia otra pregunta: ¿qué es lo peor que puede pasar? Esto refleja que quienes están tomando decisiones están preocupados frente a un eventual triunfo de Petro. La respuesta de rigor es que Colombia tienen dos rieles que evitan que el tren se descarrile: la Corte Constitucional –cuyas decisiones recientes hablan muy bien del calibre de sus magistrados y magistradas– y la junta directiva del Banco de la República. La primera se encargará de evitar que los demás poderes tomen decisiones abiertamente inconstitucionales –como las expropiaciones y otras arbitrariedades– y la segunda no dejará prosperar la idea de utilizar la emisión monetaria como mecanismo expedito –y desastroso– para ofrecer una renta básica a la ciudadanía.

Sin embargo, no hay blindaje perfecto. Estas teorías quedan reducidas a nada si Petro opta por reformar la Constitución. Ya hay miembros de su equipo que hablan sobre un “primer período”, dejando implícita la idea de que habrá un segundo, algo que podría desembocar en una asamblea constituyente.

Digo esto para que tengamos conciencia de la importancia de buscar la convergencia de las fuerzas moderadas. El país necesita una opción viable que, además de tener una vocación de cambio y reforma, mantenga los avances que hemos logrado –con mucho esfuerzo–, que es precisamente el tema de mi libro. En esa lista, entre otros, ocupa un lugar destacado el modelo de asociaciones público privadas para el desarrollo de la infraestructura –basado en el pago de peajes y en aportes del Gobierno–, el sistema de salud (que se debe mejorar, pero no estatizar) y la institucionalidad creada para la implementación de los acuerdos de paz (siempre y cuando las Farc demuestren compromiso con la verdad, la no repetición y la reparación).

Como siempre pasa en la política, los egos y las rencillas van creciendo con el tiempo y hacen difícil el diálogo. Todavía estamos a tiempo de que los candidatos que sean autónomos –es decir, los que no tienen un jefe político al que deban consultar cualquier decisión– y que no hayan sido atrapados por las ideologías enceguecedoras, hablen entre sí. Pidámosle a un grupo de compatriotas independientes y de prestigio global que propicien esa conversación. Nada se pierde y se puede ganar mucho.

@MauricioCard

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