Opinion

CAMBIAR LA PIEDRA Y LAS MOLOTOV  POR EL VOTO

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

La protesta e inconformidad social que se adelanta a lo largo del territorio nacional, con irreparables pérdidas humanas, daños materiales al mobiliario urbano, a la propiedad privada, a la economía familiar, donde se reclama una deuda histórica con las clases populares, una mejor calidad de vida, ejercicio real de los derechos ciudadanos, reformas estructurales en materia de salud, justicia, educación, medio ambiente, cumplimiento de lo que debe entenderse por estado social de derecho, nos hace reflexionar sobre la importancia del VOTO como máxima expresión de la voluntad popular, siendo el camino efectivo para alcanzar esos cambios que airadamente se solicitan en la calle.

El VOTO ejercido en debida forma indicará senderos diferentes a los actuales, donde quede por fuera el nepotismo político, grotesco proceder del odioso cacicazgo, cerrándole el paso a las aspiraciones reeleccionista de quienes abusaron de la confianza ciudadana, como a las consejas o rumores que viene polarizando a la sociedad con el fantasma del castro chavismo, como si no tuviéramos la independencia política para darnos nuestra propia orientación institucional.

Ahora bien, imposible desconocer la realidad sociopolítica del país que viene generando un descalabro moral, con algo demasiado grave para el concepto de estado, la pérdida de confianza en los organismos rectores de la nación.

Ha llegado el momento de irrigar los impuestos de todos los contribuyentes en políticas de beneficio colectivo, las regiones del país necesitan carreteras, vías de penetración, hospitales, fomento económico, fuentes de empleo, educación, seguridad social y mucho más, siendo necesario para ello escoger con lupa a los futuros voceros que llevarán la representación popular.

Acudir al voto muchachos, esa es la mejor arma como mecanismo de participación ciudadana, vía legítima para desmontar las camarillas que tanto daño le viene haciendo a la sociedad colombiana.

ADENDA. Muchas críticas recaen sobre la Defensoría del Pueblo orientada por un funcionario de origen político, de apellido Camargo, elegido a través de lobby político, con cuestionamientos morales cuando se desempeñó como presidente de la Federación Nacional de Departamentos, quien presuntamente en lugar de ser vocero de las inquietudes populares, se ha dedicado a entregar contratos para amigos políticos, ex magistrados, ex ministros, ex funcionarios de la procuraduría, sus amigos de Córdoba de donde es oriundo, por un valor que según los medios supera los 36.400 millones en cerca de 648 contratos en solo dos meses, (marzo y abril ), convirtiendo esta institución en una verdadera casa de beneficencia a favor de cierta clase  dirigente. Y luego se preguntan… porqué protesta la juventud. ¿No será que ha llegado el momento de reconsiderar la continuidad de ciertas instituciones en la estructura estatal ?

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