Opinion

¿Por qué es tan importante que los y las jóvenes se preocupen por el desarrollo de su país?

Por: Juanita Espeleta – Socióloga con trayectoria en trabajo comunitario, social y cultural en comunidades en condición de vulnerabilidad.

En mi entorno somos partidarios de la necesidad latente de ocupar cuerpos, de invadirlos y tomarlos, y cuando hablo de cuerpos me refiero a espacios, a instituciones, a cargos y a escenarios, donde en este caso los y las jóvenes con su lectura del mundo, del país, del departamento y del municipio, de sus condiciones, de su territorio, son quienes merecen y reclaman ser escuchados, son ellos y ellas, altavoces de las necesidades insatisfechas desde tiempos inmemoriales y quienes exigen que su propia lectura, su interpretación de su realidad social sea tenida en cuenta sin intermediarios, sin mediadores.

En Colombia, según el Estatuto Nacional de Juventud, una persona que se encuentra en un rango entre los 14 y los 28 años de edad es considerada joven, población que en el 2018 representaba el 26.1% según el DANE y de esa población, el 33% de la población (más de tres millones de personas) ni trabajan ni estudian, es decir que se clasifican en esa categoría denominada Nini.

A estas problemáticas estructurales se le suma la creencia de que los y las jóvenes están poco preparados y que no tienen la experiencia para tomar decisiones ni direccionar sus territorios, incluso se menciona en ocasiones, que carecen de la inteligencia emocional necesaria para afrontar los retos a los que se enfrentan cada día, y bajo estos argumentos se han cerrado espacios que les permitirían desarrollar sus liderazgos desde diferentes ámbitos.

Si bien los espacios de participación juvenil en la actualidad se han ampliado, su relevancia social e institucional sigue siendo baja, los jóvenes siguen siendo vistos como la primera mano de obra no remunerada para trabajos de logística y apoyo de partidos políticos que los explotan y se aprovechan de ellos, y las entidades públicas reproducen el falso ritual de escucharlos para luego seguir como si nada, como si nunca se hubieran pronunciado, proyectado o expresado. Esta realidad no ha cambiado mucho, puesto que no es muy diferente a lo que yo viví hace 13 años cuando fui personera estudiantil y posteriormente consejera municipal y departamental, en la que el Estado solo garantizaba estos espacios por cumplir con la norma, dejando de lado la verdadera importancia ciudadana, formativa y de relevo generacional que implican estos procesos.

Hoy, nos enfrentamos a una coyuntura ideal para volver a tejer esos liderazgos juveniles, de base, y son las elecciones de Consejos Municipales De Juventud (CMJ), escenario que busca canalizar los acuerdos de los y las jóvenes sobre las alternativas de solución a las necesidades y problemáticas de sus contextos, surge entonces la necesidad de reafirmar los acuerdos colectivos, institucionales, aquellos que permitan una incidencia real de los y las jóvenes frente al desarrollo del municipio, unos acuerdos que reivindiquen el ideario de los diferentes estilos de vida que configuran el mundo juvenil, unos acuerdos que se cumplan y se puedan hacer cumplir, de tal manera que permitan a los y las jóvenes volver a creer en la Política, en lo social, en lo económico, en lo incluyentes que pueden ser las acciones de un dirigente cuando es comprometido con la sociedad.

Todo esto para concluir que son las y los jóvenes los llamados a renovar nuestras corporaciones, a elegir y ser elegidos, porque la población que representa más del 26.1% ¡No es el futuro de Colombia, es el presente!

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