Opinion

VAMOS POR LO IMPORTANTE

Por: Juana Carolina Londoño – Abogada especialista en derecho comercial y legislación financiera y gerencia de entidades territoriales. Trabajó como asesora jurídica del Instituto de Seguros Sociales, Central de Inversiones S. A., concejal de Manizales, representante a la Cámara, presidente de Fiducoldex y actualmente empresaria: Londoño Asociados.

Hay momentos en la vida de las personas o los países en los que es importante hacer un alto en el camino y evaluar las cosas que nos importan, las metas que nos motivan o el significado que le damos a las cosas que nos rodean. La pandemia, por ejemplo, fue una oportunidad para volver a sentir nuestras vulnerabilidades compartidas, para valorar la presencia de las personas que nos rodean y para entender la fragilidad de la vida. Esos entendimientos han vuelto a posicionar la solidaridad, la compasión, el sentido de grupo y la importancia de entender que la naturaleza y nosotros somos parte de lo mismo y no podemos darle la espalda a ese ámbito del cual dependemos. De esa pandemia tenemos que salir distintos, más lucidos, más compasivos y menos superfluos. Todos, a nivel individual y colectivo, debemos hacer un balance de lo que importa y lo que no, de lo que es importante y lo que es intrascendente. Entender eso nos volverá más livianos como personas y más conscientes como sociedad.

Y cuando apenas estábamos asimilando esas enseñanzas paridas en medio del dolor, la incertidumbre y el miedo, aparecen nuevas enseñanzas a través de la frustración, la ira y la desconfianza que se adivina en esos jóvenes que salen a protestar con un ímpetu que el país no había visto. Esas voces, esos gritos, esas miradas, esos dedos señalando, esos puños alzados y esos gestos en donde se entremezcla la ternura y la ira son las convulsiones de una sociedad que quiere parir algo nuevo.

Una sociedad que nos dice con esas sacudidas que no podemos volver a lo de antes, que debemos cambiar, que no podemos volver a esa normalidad que era tan anormal para tantos jóvenes que se niegan a desprenderse de un futuro que se muestra tan renuente con ellos. Llego el momento de volver a organizar las prioridades no solo de nuestra vida individual y familiar sino también de esa vida colectiva en donde el futuro de todos depende de alguna forma de todos los demás. Debemos volver a organizar nuestras preocupaciones para determinar claramente que va en dónde y qué es más importante que lo demás. Ese ejercicio es un ejercicio de observación de los demás y de priorización a partir de las necesidades del otro.

Debemos establecer claramente qué es lo importante para los jóvenes, para los padres de familia, para los campesinos, para los comerciantes, para las mujeres, para las minorías de cualquier índole, para la naturaleza, para los niños, para los trabajadores, para los empresarios, y en general, para todos y cada uno de los seres con los que convivimos y a los que muchas veces observamos con tanta indiferencia. Debemos desterrar la indiferencia de nuestras vidas porque es un sentimiento que invisibiliza al otro y gesta silenciosamente convulsiones sociales como las que estamos viviendo hoy y que resultan tan dolorosas para todos. Debemos hacer una cruzada por lo importante y organizar nuestras comunidades en torno a ello. Lo importante debe ser la carta de navegación que nos reconcilie y nos vuelva a despejar ese futuro que vemos hoy tan nublado y poco prometedor. Y

A partir de esta coyuntura debemos dilucidar qué es lo importante para Caldas y su gente y empezar a trabajar para que eso se vuelva la agenda de futuro que debemos viabilizar y concretar. Ese es el gran desafío.

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