Opinion

EL TAL PARO SI EXISTE

Por: Juanita Espeleta – Socióloga con trayectoria en trabajo comunitario, social y cultural en comunidades en condición de vulnerabilidad.

Estamos a unos días de completar un mes de manifestaciones y como ya han dicho muchos, hemos batido el récord de la indignación, esa indignación que durante años nos ha durado tan solo un par de días. Algunos afirman incluso, que lo que estamos viviendo es más bien un estallido social que encuentra eco en el país, precisamente porque es diverso, porque es polifónico, por tanto, resulta atrevido y muy ambicioso describir este momento histórico para Colombia, pero trataremos de esbozar algunas de las muchas cosas sobresalientes que nos ha enseñado y dejado este proceso.

-Es motivo de orgullo y reflexión ver como este paro nos ha permitido encontrarnos y reconocernos, ver colectivos o comunidades feministas marchando, adultos mayores y jóvenes, teniendo en cuenta que estos últimos han tenido un papel protagónico y asombroso puesto que han representado un grupo poblacional tendiente a la indiferencia y a no involucrarse en política, pero que la han vivido siempre, con las más perversas manifestaciones: la miseria, la exclusión y la imposibilidad de romper el ciclo de la pobreza. Todo esto, pese a la represión del gobierno que pretende construir un manual para protestar, que, por supuesto, no incomode, no transgreda y básicamente no exija nada.

-El sentir ciudadano de miles de colombianos sigue intacto en las calles, su voz ronca de tanto gritar, hoy, de algún modo, da frutos, se hundió el proyecto de la reforma a la salud, retiraron el proyecto de la reforma tributaria y varios funcionarios del alto gobierno han renunciado. Hemos visto como los ríos si hablan y cuentan historias de un Estado violento que, aunque intenta esconderse no lo logra, un Estado que desaparece y mata a plena luz del día, sin ninguna vergüenza.

-El pueblo sigue bailando, cantando, haciendo teatro, conversando, pintando, escribiendo, haciendo pedagogía, marchando y sobre todo gritando RESISTENCIA ante un gobierno mezquino, un Estado que está lejos de ser un Estado de bienestar, un Estado que abandona y luego aparece para exigir espacios de diálogo que nunca ha propiciado, que nunca ha construido, y que viene a reclamar en medio de las balas y del uso excesivo y abusivo de la fuerza pública, de quienes deberían estar protegiéndonos y salvaguardándonos, de quienes igual que el 60% del país, vive apretado, tratando de llegar a fin de mes y vivir con esperanza en medio de un panorama lleno de incertidumbre, pocas oportunidades, trabajos mal pagados y sobre todo, un gobierno que solo le interesa legitimar y conservar sus intereses individuales.

Para terminar, es conmovedor ver como este paro le ha dado voz a los que históricamente no la han tenido: la comunidad LGTBIQ+, los habitantes de calle, los barristas, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, las mujeres. Este paro nos ha hecho pensar que vale la pena llevar la contraria y que hablar de desigualdad social, exigir recursos para la salud, la educación y la generación de empleo no es querer todo regalado, ni significa promover el odio, el resentimiento o la envidia, al contrario, es asumir con responsabilidad y compromiso el deber ciudadano, es construir una conciencia social que nos empodere y nos permita ver a los políticos y a los gobiernos como lo que son, nuestros servidores, nuestros funcionarios y nuestras voces, no como quienes nos engañan, nos roban y muchas veces nos ignoran.

Y así nos atrevemos a decir ¿parar para qué? La respuesta es clara y concreta PARAR PARA AVANZAR.

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