Opinion

ESTADO FALLIDO O DÉBIL

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

En teoría política es un término polémico que surge en los años 90, cuando tras la caída de la URSS, Estados Unidos empezó a apoyar política y económicamente a países con profunda crisis institucional, caracterizados por su incapacidad para controlar su territorio, la falta de autoridad en ciertas zonas geográficas donde han perdido el monopolio de la fuerza, con notable vacío de poder, no pudiendo cumplir con las necesidades básicas de sus ciudadanos.

Esta debilidad de estado se manifiesta en un control nominal de su geografía, con la presencia de grupos armados que desafían directamente la autoridad del estado, como la imposibilidad de hacer cumplir sus propias leyes.

Frente al caso colombiano bien valdría la pena analizar los continuos desplazamientos de gente humilde desarraigados de sus parcelas, los amotinamientos de campesinos contra los agentes del orden en las zonas cocaleras, las bandas criminales apoderadas de un vasto territorio de la Colombia profunda donde el estado se niega hacer presencia, el puerto más importante sobre el pacífico abandonado a su propia suerte a pesar que le genera millonarios ingresos al fisco nacional, las reiteradas masacres en zonas controladas por la delincuencia o la insurgencia ahora llamados disidentes, los reclutamientos forzados, nos hace pensar que vivimos una etapa de violencia de todo género donde predomina la extorsión, el narcotráfico, las desapariciones, secuestros, las disputas de territorio, que reflejan el grado de descomposición social a que se ha llegado en Colombia, sin considerar la corrupción que viene haciendo metástasis tanto en lo público como en lo privado.

Ahora bien, se ha sostenido por la ciencia política que cuando aparece la violencia anárquica, donde las autoridades legítimas son incapaces de controlar el orden público, y por el contrario rivalizan con las autoridades oficiales, se puede estar en presencia de una fragilidad o debilidad estatal, que al decir de Max Weber (politólogo alemán y padre de la sociología moderna) son estados incapaces de mantener el monopolio del uso legítimo de la fuerza, de hacer valer su autoridad, tesis que de aplicarse al estado colombiano saldría mal librado.

Lo cierto es, que cuando la violencia y el temor generalizado que se vive en el momento se toma parte del país, permite concluir a pesar de las consabidas disculpas oficiales, que se están cumpliendo las características de un estado fallido en donde la guerra es la que se impone, no como medio para perseguir fines políticos, sino como un modo de vida permanente.

Pero en aras de la discusión, digamos que más que un estado fallido, estamos frente a un estado DÉBIL donde el ciudadano de bien se siente totalmente desprotegido.

ADENDA. Con Tantos problemas por los que atraviesa el país, una corrupción que corroe las estructuras del estado, buena parte de los hospitales públicos sin elementos de bioseguridad, una deserción escolar infantil agudizada por la pandemia, el escaso presupuesto para la educación superior y la justicia para que esta sea pronta y cumplida, la salud en cuidados intensivos, una inseguridad urbana como rural, resulta inadmisible que todo se centre en el caso judicial del ex senador URIBE, si es culpable o no, si la preclusión solicitada se ajusta a derecho, la que estaba cantada desde el momento en que se trasladó el expediente a la FISCALIA, nos hace reflexionar sobre la poca o nula importancia que una parte de la sociedad le da a la grave situación social que con el paso del tiempo puede generar consecuencias impensadas.

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