Opinion

LLEGARON LAS VACUNAS

Por: Juana Carolina Londoño – Abogada especialista en derecho comercial y legislación financiera y gerencia de entidades territoriales. Trabajó como asesora jurídica del Instituto de Seguros Sociales, Central de Inversiones S. A., concejal de Manizales, representante a la Cámara, presidente de Fiducoldex y actualmente empresaria: Londoño Asociados.

Después de un año en donde vivimos el encierro, la distancia, la solidaridad, la empatía, la crisis económica, la incertidumbre y el miedo, por fin llegó la vacuna. Esas escenas que nos habían emocionado cuando las veíamos a la distancia en otros países, hoy llegan a nuestro territorio, y hemos podido ver cómo, poco a poco, esta empezando a darse ese goteo de vida que nos llena de optimismo, de esperanza, de futuro y de mucha tranquilidad.

Esos pequeños frasquitos tan poco pretenciosos encierran un mensaje de fe y confianza. El ambiente emocional que se vive es otro. Ni siquiera los que critican la cantidad de vacunas que han llegado o la velocidad con la que se están aplicando, logran quitarnos la emoción que sentimos de saber que ya empezamos un proceso que habíamos anhelado durante tantos meses.

El país que llega no es igual al país que dejamos antes de la pandemia. Ya somos conscientes de la fragilidad de nuestra especie, de lo vulnerables que somos a tantos peligros que creíamos superados, de lo endebles que son muchos sectores productivos de nuestra economía, y especialmente, de lo inequitativo que es un país en donde un altísimo porcentaje de personas viven de lo que producen día a día y no están preparados para enfrentar algunos pocos días de encierro. La pandemia nos evidencia la convivencia de contrastes en lo que convive estrechamente la decepción y el optimismo. De un lado la decepción por la vulnerabilidad del sistema hospitalario y del otro el optimismo por la fuerza, la competencia y el compromiso del personal de salud. De un lado la falta de instrumentos del sistema educativo y del otro la voluntad, la mística y la imaginación del profesorado. De un lado emprendimientos cerrados, y del otro, emprendedores que se preparan a insistir con renovados ímpetus para reencontrarse nuevamente con sus sueños. De un lado un sistema productivo debilitado y exhausto, y del otro, la voluntad de un empresariado que enfrentó la embestida sanitaria y que ahora se prepara para retomar su actividad, en muchos casos, empezando desde cero.

Los colombianos hemos sido testigos de lo mejor de nosotros. Lo hemos visto en nuestras casas, en donde los padres de familia asumieron el acompañamiento educativo de sus hijos con imaginación y amor. Lo hemos visto en las empresas y las familias que buscaron la forma de ayudar a los sectores más vulnerables. Lo hemos visto con los mandatarios locales que apelaron a la creatividad para encontrar caminos para resolver tantas problemáticas insólitas que los desafiaban a diario y con sentido de urgencia.

El futuro llegó a nuestras vidas en unos pocos meses y tuvimos que aprender en forma acelerada la forma de afrontarlo. Creo que debemos felicitarnos cada uno de nosotros por la lucha que tuvimos que librar y que enfrentamos de la mejor manera posible. Todos hemos sido protagonistas de actos y decisiones sin antecedentes para seguir estudiando, trabajando, produciendo, recreándonos e interrelacionándonos con nuestros afectos.

Pero la cosa no ha parado.

Ahora necesitamos que la vacunación sea un proceso equitativo, solidario y respetuoso. Ahí tenemos una oportunidad de evidenciar que aprendimos la lección que nos dio la vida. Que podemos dejar atrás ese mundo de privilegios, de poder, de indiferencia y de abuso que nos llevo a esa situación de vulnerabilidad colectiva que vivimos en el último año.

Ojalá podamos demostrar que somos distintos como personas y como sociedad. El futuro nos esta mirando, no podemos ser inferiores a las expectativas que tienen en nosotros.

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