Opinion

¿De qué me hablas viejo?

Por: Mario Arias Gómez.

No le hablo -aunque debiera restregarle,  enrostrarle sin tapujos- sobre el inexcusable, bombardeo consumado por el Comando de Operaciones Especiales (CCOES) de las FM, la noche del jueves 29 de agosto/2019, en la zona rural de San Vicente del Caguán-Caquetá, que reportó varias bajas de disidentes de ‘LAFAR’, según el hipócrita, omnipotente ‘Comandante en Jefe’, quien, envuelto en la tricolor bandera, henchido de emoción, escoltado por el min-Defensa, comunicó -dándole el cariz de hazaña épica- a los cuatro vientos, el ‘amañado’ parte que dio cuenta de la baja del cabecilla, ‘Gildardo Cucho’, con el consabido estribillo:

Felicito a los héroes de la patria, por el (‘limpio’) operativo en que cayeron 14 integrantes de las disidencias de la extinta guerrilla”.

Con descarada desvergüenza, a sabiendas de la presencia allí de niños, calló -como ostra- el hecho que entre los ejecutados había ocho menores (18 para otros). Crimen de lesa humanidad (impune). Verdad irrebatible, silenciada -repito- en todos los idiomas, desnudada tres meses después en el debate de censura en el Senado adelantado contra el inútil min-Defensa, por Roy Barreras.

Imborrable, infame, ominosa atrocidad rastreada por Jesús Blanquicet (venezolano), reportero de ‘El Heraldo’ de Barranquilla, esquivado por el desacreditado presidente Duque con la frase: ¿De qué me hablas viejo?; costándole al periodista ser retenido y golpeado por los escoltas, con la anuencia -tácita- del desalmado, impávido, prepotente, sombrío mandatario -de uñas largas- que, desentendido, hizo que miraba para otro lado.

Conjura, pasada de agache, negada -contra evidencia-, por el aprendiz de brujo, junto al parigual min-Botero -tal para cual-, ante los atónitos: país y el mundo. Bribonada que provocó la ‘sugerida’ renuncia y aceptación, en búsqueda de neutralizar la susodicha censura, adelantada por las múltiples metidas de patas y falsedades contra el min-Defensa. Disparate, falta de transparencia, insolvencia moral, incompetencia, insostenibles; premiadas con total desfachatez -en forma desafiante- por el olímpico títere, con la embajada chilena.

Qué más puede esperarse del improvisado, opaco ganapán -encumbrado a dedo-, cuya antidemocrática, deshonrosa, espuria, ‘regalada’ credencial, ilegitimó su mandato, por venir de quien vino, el tosco innombrable, que no da puntada sin dedal, urgido de blindar el enorme rabo de paja que arrastra. Calculada, envenenada, premeditada, subrepticia dádiva, que lo ató umbilicalmente e hizo copartícipe, cómplice de los caprichos y prohibitivos intereses -conocidos-, del epiléptico, permisivo mentor; suicida protector del imputado. No hay almuerzo gratis.

Cobarde, desvergonzado, pusilánime, obediente cipayo, arquetipo del mercenario que ha cumplido cabalmente el degradante encargo de servidumbre, sin autonomía para actuar, menos, para disponer de nada, sin previo permiso del despótico, totalitario mayordomo. Medianía prescindible, sin talento, trayectoria política, vuelo propio; ‘fortalezas´ que facilitaron el manejo a sus anchas, -en cuerpo ajeno- de Colombia, como su coto privado; conquistado por la puerta falsa del testaferrato. Subalterna, vergonzosa ‘carta de presentación’ ante los entes multilaterales.

Deprimente, indigna, sumisa tarea, que rompió la ancestral tradición de independencia republicana de los gobernantes; moneda cuyo anverso es el desprecio, repudio de la infinidad de compatriotas, por el débil, digitado, repugnante, servil, tóxico mandadero; estrategia convertida en ‘diktat’ para la segunda versión -modelo 2022- que el patético, prontuariado jefe, saliva ya en clonar.

Crudezas, indignidades, vergüenzas que rezongo a nombre de la abrumada, conmocionada patria, aunadas al estremecedor, espeluznante, imparable, macabro reguero -superlativo- de víctimas que emergen a lo largo y ancho del terruño, producto del desatendido, minimizado COVID-19, como de los enseñoreados, aviesos, sistemáticos asesinatos, ensañados contra líderes sociales, indígenas, desmovilizados. Reinado absoluto del terror.

Esto, sin que el despalomado, desquiciado, irracional Pinocho, atine encararlos, esclarecerlos, prevenirlos, tanto que, por enésima vez, la Comisionada de la ONU, lo reconvino, justificadamente, siendo replicada, deliberada, descortésmente, con insolente, soez, lenguaje de muladar, utilizado por el atolondrado bastardo, ‘pangiliento’ lameculos, Emilio Archila, que la trató -por encargo- desconsiderada, irrespetuosamente de ignorante.

Vinagrada, explosiva, apocalíptica fábula que, al indecoroso, inconmovible, vanidoso advenedizo, no le preocupa, cuya megalomanía -sin límite- lo hace pensar superior; que la historia comenzó con él. Realidad que como siempre supera la ficción.

Macondo infernal que retrotrajo la nación, a sangrientas, salvajes épocas de ingrata recordación; disimuladas, maquilladas con torpes eufemismos, como llamar “homicidios múltiples” las masacres. Espiral de inimaginables, conmovedores sucesos, verificados por fuentes de absoluta credibilidad -BBC, The Economist, Human Rights Watch, ONGs-, corroborados por estadísticas a nivel global.

Todas las expresiones del crimen organizado tienen asiento hoy en el país, avasallado, cooptado, sitiado, puesto contra la pared, fruto del brumoso, burdo, calamitoso rumbo fijado por una especie de Capitán Garfio -al revés-: minúsculo, innoble, despreciable.

Bogotá, D. C., 10 de febrero de 2021.

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