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LA MEJOR ESTRATEGIA PARA PREVENIR LA PANDEMIA ES LA “TÁCTICA DEL SILENCIO” CONTRA COVID-19, PERO NO HA RECIBIDO SUFICIENTE ATENCIÓN

Por: Carlos Alberto Piedrahíta Gutiérrez – Médico Director Hospital Santa Sofía de Caldas.

SARS-CoV-2 se transmite principalmente a través de partículas víricas que brotan cuando estornudamos, tosemos, hablamos o cantamos, a pesar de lo cual una táctica de comportamiento, al parecer parte importante del escudo epidemiológico, que consiste en el silencio, no ha recibido suficiente atención.

En este sentido, Nancy López Olmedo, Ph. D., y el Dr. Tonatiuh Barrientos-Gutiérrez, Ph. D., del Centro de Investigación en Salud Poblacional, del Instituto Nacional de Salud Pública en México, presentan el trabajo El papel del habla en la transmisión de SARS-CoV- 2: recomendaciones para espacios confinados.

Lo que se hizo fue revisar en la literatura sobre la asociación del uso de transporte público con enfermedades respiratorias agudas en general. Se empezó desde mayo y lo primero que se encontró fue que el uso frecuente del transporte público se relaciona con mayor riesgo y posibilidades de presentar enfermedades respiratorias; a partir de estos hallazgos se encontraron algunos estudios de recomendación con modelación matemática que también sugieren esta asociación. Y se derivó en una recomendación recurrente: guardar silencio en el trasporte público, por lo que se profundizó en el papel del habla.

En general, la atención de las personas ha sido dirigida al estornudo o la tos, que tienen mayor potencia de dispersión de gotículas. Sin embargo, al hablar también se pueden emitir partículas en cantidad suficiente para transmitir enfermedades respiratorias.

Estudios experimentales realizados antes de la pandemia mostraron que la transmisión de partículas respiratorias puede ser similar al hablar que al toser. Un grupo de investigadores identificó que las personas emiten 108 gotículas al toser 20 veces o al contar del 1 al 100. Asimismo, la cantidad de fluidos recabados en mascarillas quirúrgicas fue de 22,9 mg al toser y de 18,7 mg al contar del 1 al 100. Al recabar los fluidos en bolsas de plástico obtuvieron 85 mg al toser y 79,4 mg al contar del 1 al 100, lo que implica que la mascarilla capturó 27% de las secreciones al toser y 24% al hablar. Hablar es una actividad mucho más frecuente que toser. En promedio se dicen 16.000 palabras al día, equivalentes a 12,7 g de secreción o a toser 150 veces.

En otro estudio se midieron la velocidad y el ángulo del aire exhalado al toser y al hablar. Se encontró que la velocidad de exhalación al hablar fue entre 22% y la velocidad de exhalación al toser de 27%, lo que implicaría que las gotículas generadas al hablar alcanzarían menor distancia. Sin embargo, el ángulo de exhalación es mayor al hablar que al toser, ya que las personas tienden a inclinarse cuando tosen.

La posibilidad de transmisión por el habla es particularmente relevante, considerando la alta proporción de casos generados por personas asintomáticas. Se estima que hasta 86% de los casos de COVID-19 podría ser asintomático, y que 44% podría haber sido contagiado por una persona asintomática. Por definición, las personas asintomáticas o presintomáticas tosen o estornudan con menor frecuencia que las sintomáticas, lo que sugiere que el habla podría desempeñar un papel importante en esos casos.

Recientemente se ha demostrado que hablar en voz alta un minuto liberaría gotículas con carga viral que permanecerían en el ambiente por más de ocho minutos. La carga viral aumentaría con el ejercicio ligero, pero sería alta incluso sin actividad física. Asumiendo que una persona asintomática habla en un ambiente cerrado, como una farmacia, una oficina postal o un banco, tomando en consideración la ventilación (natural o mecánica), en todos los ambientes el número de reproducción fue mayor a uno tanto con ventilación natural como con ventilación mecánica.

Recomendaciones

Después de la revisión los investigadores reflexionaron sobre esta medida y proporcionan recomendaciones ya que hablar podría representar un mecanismo importante de transmisión en espacios confinados, con mala ventilación y alta densidad de personas, como vagones del metro, camiones, elevadores o baños de uso compartido. También podría aumentar el riesgo de contagio en actividades que requieren gran acercamiento personal, como cortarse el cabello.

“Sugerimos se promueva entre la población la recomendación de hablar lo estrictamente necesario en espacios confinados y donde no se pueda guardar sana distancia, aun si se utiliza mascarilla. Esta recomendación tiene buen balance riesgo-beneficio, ya que las personas solo tendrían que guardar silencio en espacios confinados”, señalaron los investigadores.

Destacó que se entiende que esto genere inconformidad, pues cuando la propuesta se lanzó muchas personas se quejaron en las redes sociales, argumentando que se atenta contra la libre comunicación. Sin embargo, no es una prohibición, sino hacer conciencia para disminuir el riesgo de contagio.

Agregó que hay países que culturalmente ya lo hacen, como Japón, lugar donde está mal visto que la gente hable en el transporte público y lugares cerrados, pero para culturas como la mexicana, la medida no es necesariamente lógica, “por ello hemos seguido la literatura y países como Colombia ahora tienen una guía sobre el uso del transporte público que considera que las personas deben guardar silencio. Es una recomendación que se tiene que ir esparciendo y sería útil”.

En comparación con los gritos, hablar en voz baja reduce los aerosoles en un factor de 5%, pero estar completamente en silencio los reduce aproximadamente 50%, lo cual significa que hablar en voz baja, en lugar de gritar, reduce el riesgo de transmisión viral en grado comparable a usar la mascarilla correctamente.

Guardar silencio como una norma social

Guardar silencio en espacios confinados es una recomendación simple y todas las personas pueden hacerlo. Si se convierte en norma social podría ayudar a reducir la incidencia de COVID-19, según los investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública. Sumado a las mascarillas si las personas agregaran la recomendación de guardar silencio en espacios confinados, esperaríamos mayor reducción en el riesgo de contagio.

Considerando que la evidencia en la que está basada esta recomendación es mecanística, guardar silencio debe considerarse como medida adicional y no como alternativa a otras acciones que puedan establecerse en espacios confinados o en el transporte público. “Esta evidencia parece ser similar al grado de certeza con el que se empezó a usar la mascarilla y vale la pena como una capa más de protección que podemos ofrecer a las personas que están a nuestro alrededor”.

Regresando a la herramienta del habla, también hay una serie de ocupaciones donde quizá valdría la pena que se considerara hablar el mínimo necesario, como al ir a cortarse el cabello, acudir al supermercado o a un consultorio médico.

Para este último espacio, el especialista recomendó al personal médico que atiende de manera presencial en su consultorio utilizar ventilación natural —tanta como sea posible, con ventanas y puertas abiertas, para que haya flujo de aire—, recordar que todos siempre se movilicen con mascarillas en los espacios, pedir a los pacientes que vayan con la menor compañía posible, no hacer largas esperas en las salas y trabajar bajo citas.

En los momentos en que hablamos por celular o nos dirigimos hacia una persona es cuando más debemos estar protegidos y en la práctica sucede lo contrario. “Cuando la gente habla es cuando emite todas estas partículas”.

Por otro lado, recordemos que la distancia mínima de seguridad son 1,5 metros, por el tema de las partículas pequeñas, “las personas se confían y creen que por traer mascarilla es suficiente. La realidad es que no es así, además se ha perdido el confinamiento y la gente ya empieza a ir a fiestas y reuniones. Normalmente estas actividades implican comer y beber, y eso significa quitarse la mascarilla, por lo que la capa de protección desaparece. Estos son momentos donde puede ocurrir un contagio con mucha facilidad. Valdría la pena no bajar la guardia”.

Siempre se deben usar mascarillas en espacios no seguros. Un espacio no seguro se define como “un lugar cerrado, mal ventilado y con muchas personas, donde hay más riesgo de infectarse”. Identificar la seguridad es una herramienta que parece no haberse desarrollado en las personas. A la par, se están desaprovechando espacios abiertos, pues tenemos parques y plazas.

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