Opinion

¿LA ESCISION DE LOS PARTIDOS O DEBILITAMIENTO DE LOS MISMOS?

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

La escisión o división de los partidos políticos consagrada en la ley  1475 de 2011 de moda en las últimas  semanas sin que exista  un desarrollo legal como lo establece el artículo 14, con un antecedente  en el 2013 cuando se archivó un proyecto de ley que buscaba regular esa figura de conveniencia política en unos casos, con serios interrogantes en cuanto a la personería  jurídica que les  permita  recibir financiación estatal y avalar candidatos a las elecciones  venideras,  por  cuanto es lógico que quien esté interesado en separase de una colectividad aspira a salir con algo  a su favor.

Es de anotar que en el proyecto de reforma del código electoral que se tramita en el Congreso se dan dos condiciones para la escisión: primero, que los congresistas que quieran alzar vuelo sumen el 3% de votos de la última elección a Congreso segundo, se consagra que el nuevo partido no tenga derecho a financiación estatal, pero si a otorgar avales, formula de no mucho agrado para los marchantes, ya que también aspirarán a obtener recursos oficiales.

Queda en manos del Consejo Nacional Electoral su autorización, que seguramente la otorgará ayudando al debilitamiento de lo queda de los partidos políticos, dándole una mano al polifacético Roy Barreras como al senador Robledo.

ADENDA UNO.- La  desgastada frase que la política es dinámica se ha convertido en principio general para quienes han hecho de ella un negocio acudiendo al trasfuguismo, al “voltearepismo”, van y vienen como las olas, cambian en cada elección de partido o movimiento, traicionando al que los apoyó en sus aspiraciones del pasado, incurriendo en una incontestable doble militancia  sancionada por la ley, causal de  nulidad electoral, único remedio para frenar ese resquebrajamiento de los partidos.

Preparémonos para el desfile de aspirantes ejerciendo el trasfuguismo, el consabido “lentejismo”, término acuñado por Laureano Gómez para fustigar a los congresistas de su corriente que se sumaron a la bancada liberal para apoyar el gobierno de Olaya Herrera.

ADENDA DOS: Cada día desconcierta el estilo de gobierno de la alcaldesa del Distrito capital, sus posiciones dudosas frente a los problemas de la ciudad, la inseguridad rampante que azota la capital, sus permanentes enfrentamientos con el gobierno central, con el Concejo distrital, su protagonismo mediático en temas que no corresponden al ámbito de su tarea misional.

A lo anterior se le suma su descabellada propuesta en época de pandemia donde los recursos presupuestales deben estar dirigidos a las clases menos pudientes de erigir un monumento en homenaje al acuerdo de paz firmado con la antigua guerrilla del M19 con un costo de cinco mil millones de pesos.

No es época de construir estatuas, así como tampoco de préstamos a empresas multinacionales, (Avianca) dinero que serviría para buscar afanosamente la reactivación de Bogotá que atraviesa por una etapa de dificultades tanto sociales como económicas.  

Pero no toda la culpa es de ella, gobierna a su estilo, dogmático por esencia, obteniendo una votación por el camino del medio, (35.2%) por las ambiciones sin horizonte de dos personas (Galán – Uribe) que prefirieron seguir con sus campañas dividiendo a un electorado, permitiendo el triunfo de esa campaña que hoy demuestra un total desconocimiento para el manejo político administrativo de una ciudad tan compleja como lo es Bogotá.  La pregunta para formular sería: ¿cuándo el juicio político entendido como reclamo para esos dos personajes que por su tozudez o vanidad política condescendieron el triunfo de quien hoy gobierna sin brújula alguna a Bogotá?

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