Opinion

PANDEMIA, CAOS, DESORDEN, VIOLENCIA Y DESGOBIERNO

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor.

Imposible negar que se atraviesa por un momento  crítico, del que puede resultar el desmoronamiento de la poca democracia que nos queda, para   desembocar  en un conjunto de violencias que confluyen entre sí, paros, reclamos de  la comunidad,  encasillados en lo que se  ha denominado  la protesta social, donde  nadie respeta las instituciones  y las instituciones  a través de  sus  autoridades   acuden   al abuso   de las funciones  que viene   originando  el descontento airado por la forma  cómo actúan  algunos de   sus miembros. 

Duele decirlo, pero la Bogotá azotada por la pandemia del COVID, con un   40 por ciento de los comerciantes en quiebra, un desempleo galopante, la seguridad al garete, cinturones de miseria, se le suma una protesta social con origen en   una arbitrariedad de la autoridad, por cuanto en un estado de derecho los agentes del orden están para proteger al ciudadano y no para convertirse en una amenaza uniformada.

La protesta social constituye una conducta atípica, como tal debe ser tratada por las autoridades, surgiendo el deber de gobernar a favor de lo social, respetando al contradictor y el libre disenso, garantizando el orden cuando la misma se desvía de sus claros propósitos, como un   deber del gobernante, dejando de lado cualquier atisbo ideológico como pareciera darse en la ciudad capital.

No debe confundirse las expresiones colectivas que equivalen a un  “NO” rotundo  a la situación presente del país,  a la forma como se le gobierna,  tanto en lo nacional, como en lo distrital, a la inconformidad social  por  las injusticias  que  caracteriza  la estructura estatal, con  el vandalismo organizado, que  busca  crear  el caos,  el desorden,  donde  solo  gana la anarquía,  con un grave  detrimento  para  el patrimonio público  que  representará ingentes erogaciones presupuestales que salen de los impuestos  que  cancelamos.

Se equivocan quienes  quieren darle un significado diferente  a  esas  demostraciones de  inconformidad,  olvidando  que estamos inmersos en una crisis de credibilidad, un sentimiento de desconfianza hacia el gobierno central por la falta de claridad en ciertas  políticas de estado,  como el distrital,  sumido en pugnas  de poder,  de figuración mediática,   dando  la sensación  que se llegó al gobierno  sin ninguna preparación  en  el manejo de los asuntos públicos,  por la forma  como  se desempeña, decisiones confusas, nulas relaciones con el Concejo y reiterados  enfrentamientos con el ejecutivo central  arrogándose competencias  que no  le  corresponden. 

Se está a tiempo de direccionar la forma de gobernar, recordándoles la máxima del filósofo francés cristiano Blaise Pascal apropiada para el momento: “la justicia sin la fuerza es irrisoria, la fuerza sin la justicia es tiránica”.

ADENDA.  Deshonroso como desconcertante las denuncias por acoso sexual y otras graves anomalías contra varios integrantes de la Sala Disciplinaria del C. S.  de la Judicatura en mora de ser reemplazada para bien de la ética judicial por la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, donde   continúan ejerciendo   unos funcionarios que han rebasado el periodo constitucional, contrariando pronunciamientos de la Corte Constitucional sobre la ilegalidad   de esas actuaciones.

¿Hasta cuándo la comunidad judicial como jurídica tendrán que soportar el   abuso por parte de estos   indelicados burócratas de hecho ?

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