Opinion

LOS GOBERNANTES O EL HAMBRE

EDITORIAL

Empezamos dos semanas más de aislamiento obligatorio ordenado por el Gobierno Nacional. Parece algo de nunca acabar. Empiezan a escasear los recursos económicos de muchos, los problemas intrafamiliares pululan, la salud mental de otros se deteriora lentamente por el estrés y el confinamiento. Las consecuencias son muchas, buenas, regulares y malas de acuerdo como le haya ido a cada cual.

Lo cierto es que un alto porcentaje de la población está a punto de tirar la toalla. Colombia no tiene las mismas condiciones socioeconómicas de los países europeos que han prolongado sus aislamientos hasta más de dos meses. La mayoría de la población subsiste, sin grandes lujos y con capacidad económica limitada que no le permite largos períodos de improductividad.

Sobre el aislamiento, sus beneficios y consecuencias, existen cantidad de teorías. Algunos dicen que el remedio será peor que la enfermedad y que cuando se acabe y muchos regresen a la calle, sus sistemas inmunológicos estarán relajados por el encierro y podrán ser víctimas de cuanto virus o bacteria esté en el ambiente y ello colapsará el sistema de salud. Otros opinan que es suficiente para controlar el virus el practicar la prueba a la mayoría de la población para determinar dónde están los contagiados y aislarlos inmediatamente estableciendo su círculo epidemiológico.

Ya son 46 las excepciones de actividades que no serán cobijadas por el aislamiento. Esto representa millones de personas en las calles colombianas. Como lo dijo la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, “con toda esta gente en la calle para qué esta medida…”. De ahí la propuesta de implementar el aislamiento inteligente donde cada cual se haga responsable de sí mismo y de sus personas cercanas. El Estado no puede seguir siendo el policía de cada ciudadano.

El Decreto presidencial indica que gobernadores y alcaldes tiene autonomía para adoptar medidas que den apertura a diversas actividades comerciales en los municipios no covid. En sus manos ha quedado esta gran responsabilidad.

Dentro de las medidas del asilamiento hay algunas contradictorias. Se prohíben las aglomeraciones, entonces surge la pregunta, cuántas personas están simultáneamente entre clientes y empleados en almacenes de grande superficies, o haciendo filas para ingresar a supermercados y bancos ? Cuál es la distancia entre el cajero, el empacador y el cliente ? Por colocar solo estos ejemplos. O es que el día de salida por el pico y cédula la persona está inmune de contagios ?.

Hay muchos quienes piensan que los ciudadanos deben volver a las calles, excepto los niños y los adultos mayores, para enfrentar el virus y la mayoría de la población cree resistencia a él. Hace algunas semanas la OMS dijo que el covid-19 desaparecería por sí mismo, algo así como lo sucedido con la gripa aviar o el H1N1 que hace ya varios años dejaron de ser un peligro. Otros afirman que la tasa de mortalidad no es tan alta como la producida anualmente por otras enfermedades y que entre el 60 y el 80 por ciento terminará contagiado.

Las teorías son muchas y todas válidas. A cada posición le asiste una parte de razón. Saber cuál es la realmente efectiva o la que menos daño cause, es imposible. Ningún gobierno a nivel mundial ha tenido la fórmula mágica. A unos les funcionan unas medidas, a otros otras. Lo único cierto es que llegará el momento en que la mayoría de los ciudadanos no aguanten más el encierro y saldrán a las calles suceda lo que suceda.

Este aislamiento lo levantarán los gobernantes o el hambre. Ya es hora de normalizar la actividad económica de las ciudades y pueblos. El covid-19 es una realidad y la grave crisis económica de la mayoría de la población, también.

Manizales, mayo 10 de 2020.

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