Opinion

“HAY QUE GUARDARSE BIEN DE UN AGUA SILENCIOSA, DE UN PERRO SILENCIOSO Y DE UN ENEMIGO SILENCIOSO”.

Por: José Oscar González Hernández. Se desempeñó como Alcalde de Pensilvania, Diputado a la Asamblea de Caldas, Personero de Manizales.

Ya en los últimos momentos del año 2019 en que estoy escribiendo esta columna, quiero reiterarles a todos mis amables lectores unas gracias inmensas por haberme acompañado muchas veces desde este medio de comunicación. Y una vez más desearles toda la felicidad del mundo en el año nuevo.

En esta época de vacaciones he estado hurgando en escritos de periódicos sobre diversos temas y me he encontrado un artículo del diario El Tiempo en el que la periodista Julia Alegre Barrientos nos va llevando por el mundo de los cachos o de las infidelidades y titulan su escrito “Los cachos ya no son lo que eran”. Dicha crónica nos lleva de la mano lo que era hace unos buenos años la infidelidad de una relación; esto era una tarea más o menos sencilla. Tener sexo o mantener una relación paralela con otra persona que no fuera su cónyuge, era una verdad, es decir, esto es infidelidad. Obviamente tenemos que situarnos un poco más delante de la mitad del siglo XX y no dejar de lado que dichos casos de infidelidad no eran tolerados por la sociedad civil, debido a la gran influencia de la iglesia católica.

Hoy vivimos en una sociedad más abierta y bajo el dominio de las redes sociales y no podemos dejar de lado que dichas redes sociales han impuesto nuevos patrones de comportamiento y han flexibilizado otros. En el artículo nos traen este dato, un estudio realizado en el 2015 por The Global Webindex descubrió que el 42% de los usuarios de la plataforma de citas de Tinder a nivel global tienen pareja fuera de internet.

Hoy por las redes es muy fácil iniciar una amistad virtual. Una compañera o ex compañera de trabajo o cualquiera que acepte su solicitud en las redes se puede entablar una amistad de internet en donde se comparten ideas y sentimientos. ¿Si uno de los dos supuestos amigos tiene esposa o compañera, se les podrá decir que le están poniendo cachos a su pareja oficial? Hoy en el mundo virtual que vivimos no se necesita la presencia de la persona para construir un apego emocional. La inmediatez de las comunicaciones hoy ha arrasado con la presencialidad. Esto demuestra que el engaño lo puedo hacer desde mi casa, oficina, o lugar de recreo y no quedo en evidencia ante terceros.

Hoy en los años de las Millennials, que son menos dependientes y apegadas, para muchas de ellos y ellas consideran que el flirteo virtual a espaldas de la pareja es peor que acabar teniendo sexo con alguien en una noche loca.

Estos tiempos modernos como decían los abuelos. Aquí claramente se ve que los jóvenes hoy tienen otra idea de la infidelidad a la que nos enseñaron y nos levantaron. Las redes son un beneficio para muchos de nosotros y tocará irnos adaptando a esas circunstancias. ¿Y qué pasará con aquellos que son celosos como Otelo?

Google nos trae la siguiente definición: El síndrome de Otelo es un trastorno delirante por el cual la persona que lo sufre está firmemente convencida de que su pareja le es infiel; también es denominado Celotipia. El delirante celotípico construye su delirio con datos irracionales y pierde el tiempo tratando de hallar pruebas que confirmen sus sospechas. Vivir para contarla como decía el nobel.

*Me informan del fallecimiento del amigo Freddy Orozco Quiceno después de soportar una penosa enfermedad con estoicismo. Fue un amigo muy especial y de una chispa excelente para sus historias. Que falta nos harás.

**Julia Alegre Barrientos. El Tiempo; nos sirvió de apoyo.

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