Opinion

Camisetas Blancas y Palos.

Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

23 noviembre 2019

Pasadas las 9 de la noche, hora en la que inicio el toque de queda en Bogotá, no fueron pocas las alarmas que sonaron en los conjuntos residenciales de toda la ciudad.

Mi esposa estaba bastante alterada, pues los medios de comunicación, y muy particularmente las redes sociales, transmitían advertencias de alteraciones al orden público. Yo no dejaba de decirle que en la zona en que vivimos no iba a pasar nada, que los focos de violencia se concentraban en los mismos sectores que siempre se concentran cuando hay disturbios en la ciudad, que nos encontrábamos cerca a la central de Inteligencia de la Policía Nacional, un complejo altamente resguardado, sin embargo y como si los “vándalos” hubieran conspirado con los argumentos de mi esposa, y darle así la razón desatando el particular “YO LE DIJE”, la alarma de nuestro conjunto se activo.

De inmediato decenas de personas, con camisetas blancas, palos, cuchillos y cuanto elemento pudieran encontrar, hasta tubos de aspiradoras, se desenfundaron para proteger las familias.

Nunca nadie vio exactamente lo que paso, todos aseguraban que habían tratado de ingresar al conjunto, inclusive aquellos que veíamos hasta ahora bajar de sus apartamentos, lo aseguraban como si los hubieran acabado de ver. Cualquier individuo que pasara a esa hora violando el toque de queda, inclusive la terca vecina con su perro, resultaba ser por lo menos una espía de Diosdado Cabello o del mismo Maduro.

Sobre las 10 de la noche dos Helicópteros, uno de la policía y otro del ejército iniciaron sobrevuelos del sector que duro por lo menos hora y media, hasta que llegaron soldados patrullando en tierra nuestro barrio, de un momento a otro, iniciaron la persecución de un grupo de no menos de 15 personas, quienes resultaron ser habitantes del sector decididos a patrullar sus conjuntos por fuera del reconfortante muro que nos separaba de la calle.

Los vecinos no dejaban de mostrar los mismos videos que incesantemente se compartían en las redes sociales y que los noticieros no dejaban de transmitir, siempre se hablo del rumor de un grupo de no menos de 70 personas que tratarían de ingresar a nuestros apartamentos. Y así fue hasta pasadas las 3 de la mañana, cuando el cansancio nos ganó y nos fuimos a dormir.

Algunos podrían decir que, si no fuera por esta actitud entre vecinos, y por el toque de queda, hubiéramos sido víctimas de la delincuencia. Sin embargo, hoy ni en redes, ni en las noticias se registran capturas masivas o intentos de ingresar en masa a conjuntos residenciales.

Me resulta imposible creer que frente a los rumores de hordas atacando a los ciudadanos, y cuando miles de vecinos se organizaron para defenderse, todos con celulares y elementos contundentes e inclusive armas de fuego, no haya un solo video de uno de estos vándalos capturado, cuando estos videos son virales. No es sino ver como las redes se contagian de aquellas grabaciones que muestran al asaltante capturado y linchado por la ciudadanía.

Claro que hubo disturbios, y por supuesto que hubo vandalismo, sin embargo, estos se dieron en los mismos puntos que siempre se dan cuando estas manifestaciones tienen lugar, y con el mismo “Modus Operandi” a la que la fuerza pública está acostumbrada.

Espero tener la razón y no estar equivocado, pero lo de ayer fue una alta dosis de pánico desatado por las redes y medios de comunicación, hoy Bogotá amanece aun temerosa y colmada de zozobra, no dejan de circular rumores de que esta situación va a continuar.

El toque de queda no dejo otra cosa diferente a un temor ciudadano que está siendo aprovechado por irresponsables políticos de derecha e izquierda, no se dan cuenta que esa actitud es justamente la que tiene cansada a la ciudadanía.

Adenda: En vez del toque de queda, deberíamos estar hablando de las multitudinarias muestras de inconformismo que dejaron las marchas y el nunca antes visto cacerolazo del jueves. Si estos reclamos ciudadanos no tienen pronta respuesta, nos esperan días de profunda convulsión institucional y política.

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