Opinion

DERROTADOS

Por: Hernando Arango Monedero, empresario, ingeniero y abogado. Se desempeñó como Representante a la Cámara, Alcalde de Manizales y Director General del SENA.

01 noviembre 2019

Divide y vencerás. Este adagio nos ha sido aplicado desde hace unos años por quienes denominan “Democracia” a lo que ellos deciden y cuando a ellos les conviene. Sobre esa premisa, la nueva “Democracia” se inició con la llamada transformación en la política para debilitarla y finalmente hacer de la “Democracia” el caballito de batalla para sus propósitos. Y a fe que lo han hecho como lo tenían planeado.

Sí, y la división se inició cuando se dio vía libre a la creación de grupúsculos denominados “expresiones democráticas”, los cuales podían obtener personería jurídica relativamente fácil y calificarse como “partido político”. Desde luego que las bases filosóficas, las creencias, los programas y los objetivos, no son ni fueron sustanciales para la creación e instauración de estas expresiones. Y como si no bastara, se abrió la puerta para, de allí, configurar los diferentes caballitos de batalla de los seudodemócratas creando y reafirmando una discriminación social, sexual y étnica. Así nacen los partidos con raíces indígenas que nos diferenciaron. Los partidos con fundamentos raciales y de color que nos distinguieron. Los partidos con sustento en las tendencias de sexo y hasta los con acento en el género que nos marcaron como diferentes. También entró la religión a hacernos de allí o de acá. Ello, agregado a lo que, como conservadores o liberales, en filosofía y conducta, éramos.

Y, como si fuera poco, la existencia de estas comunidades “políticas” puede mantenerse con la simple expresión de votos en porcentajes bajos de adherentes, cosa que logran en cada etapa de elecciones repartiendo avales a diestra y siniestra, con lo que, a más de recaudar unos dineros, mantienen la vigencia de su personería jurídica y alimentan el ego de algunos ligados por sus afinidades o que han sido relegados por agrupaciones sociales en donde carecen de vigencia, o han sido rechazados por causa de sus relaciones con la sociedad a la que pertenecen. Al final a quién avalan poco importa, porque el resultado en votos es lo que les interesa y les da vigencia.

Ahora, la suma de esta dispersión de votantes da lugar el efecto que ya nos es evidente y que logra debilitar a los partidos tradicionales con valores y principios filosóficos. Esto, a su vez, se traduce en la posibilidad de golpear el sistema en un momento dado cuando, al llamado del más fuerte de estos grupúsculos, se les concita a todos a la unión con la simple promesa de retribuirles con lo que les llegue más. Unidos de esta manera, aquél, el que hizo el llamado, se instala y se da inicio al desarrollo de los mecanismos que le permite eternizarse en el poder. Entonces, los subsidios serán el alimento de los que todo lo esperan, desde luego que a cambio de su apoyo. Subsidio que desaparecerá si fallan con su presencia cuando son llamados, o si faltan con el voto para ratificar la nueva expresión de “Democracia”. Y de allí, en adelante, los países que caen en la trampa de las expresiones de este tipo de “Democracia”, conocen y padecen las penurias ya sabidas.

En nuestro país ya hemos entregado gratuitamente personería a todas esas llamadas expresiones “Democráticas” y el futuro se muestra prometedor para quienes albergan en ellas la oportunidad de doblegar y someter a la población. El llamado Foro de San Pablo viene desarrollándose tal y como se planeó desde un comienzo y, sobre la base de descontentos o rechazos, que siempre los habrá, se abona el camino que ya recorremos; camino que es irreversible porque, quienes pretenden el manejo de las masas, no se paran en mientes para mantener su dominio. El paredón, las milicias urbanas armadas, los cuadros de defensa de la “Democracia” ya impuesta, la delación premiada de los disidentes, la cárcel para el opositor mediante cargos ficticios, permiten el control. Y siempre están decididos a todo, sin que los derechos humanos sean obstáculo, o puedan ser esgrimidos y respetados. Sí, porque así se define la soberanía.

Lo estamos viviendo. Llamar a la reflexión y a la acción es un deber de todos y cada uno de quienes nos reputamos demócratas. Debemos exigir a los partidos políticos disciplina y compromiso con sus valores y principios y dejar de lado la complicidad de quienes los orientan con actitudes genuflexas y con los vicios que hoy los destruyen. Y demostrar fortaleza y responsabilidad en las urnas y gobierno.

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