Opinion

Me robaron

Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

28 septiembre 2019

Lidiar con Bogotá no es fácil, el tráfico, el individualismo y egoísmo de quienes la habitamos, la prevención ante cualquier desconocido que se acerca y muchas otras razones hacen de Bogotá una ciudad difícil.

No en pocas ocasiones vi decenas de caldenses rechazar ofertas laborales en Bogotá por el hecho de no querer vivir en una ciudad que exige mantener las revoluciones a todo dar, inclusive llegué a darme cuentas de personas que aun cuando aceptaban un trabajo no duraban más de seis meses en regresarse a la calma de nuestras tierras.

Más de 10 años viviendo en Bogotá han modificado mi acento, mi velocidad de caminar y la actitud a veces hostil cuando se conduce e inclusive cuando se comparte en espacios públicos. Siempre trate de imaginarme el momento en que iba a ser asaltado y cual sería mi reacción, y por supuesto evocando esa actitud valerosa y casi que valiente que todos creemos poseer, me imaginaba siempre oponiéndome al asalto y reduciendo al asaltante.

Pues bien, nada más distante de esto al momento de enfrentar a los delincuentes. El pasado lunes en la noche mientras me dirigía a mi casa en un Transmilenio luego de salir de clase me robaron el celular, pero para colmo y como si con el primer robo me hubieran colgado un letrero que dijera “Robelo”, tres días después y en la misma ruta, en la misma estación, volví a ser asaltado. Nuevamente me robaron el celular.

Eso de que la primera vez duele más no aplica para estos casos, la segunda no solo duele, ofende, pero además que fuera tan seguido. Ver un cuchillo a escasos centímetros de tu rostro no es lo que más aterra, la verdad es la indiferencia de las personas, nadie tiene por que arriesgar su vida por otro y menos en estos casos, sin embargo, en Bogotá no solo la percepción sino los índices de inseguridad han aumentado tanto que para los ciudadanos se ha vuelto una costumbre ver diariamente hechos delictivos como este, y no hacer ni denunciar nada.

Aburrido por lo que nuevamente me acababa de ocurrir llegue a mi casa a contarle a mi esposa de lo sucedido, sin saber, como después ella me lo contaría, que en los medios nacionales se registró esa misma noche un robo con consecuencias fatales para una joven de 25 años quien al oponerse al robo fue herida de muerte.

La inseguridad de Bogotá está en aumento, pero la percepción de inseguridad está desbordada, y para desgracia de nuestros amigos venezolanos, muchas de estas acciones están siendo visibilizadas cuando son cometidos por una inmensa minoría de ellos, vale la pena decir que, en lo personal, no sé si fueron los nervios o el temor, pero nunca detecte un acento venezolano en los MaLpA*#+*- que me robaron.

En Bogotá nos hemos vuelto indiferentes desde hace mucho frente a estas situaciones, quienes vivimos en esta ciudad somos tan resignados como todos los colombianos cuando nos enteramos de los miles de millones que permanentemente se roban los corruptos, y que además nosotros auspiciamos con nuestras malas elecciones en las urnas.

Ya con más calma, pero sin embargo con el orgullo y el bolsillo herido, me di cuenta que no eran dos robos, que habían sido más, y que para colmo los delincuentes que más me robaban eran varios (No todos) de los que por lo menos tres veces a la semana me encuentro en los corredores del congreso y que saludo casi que con pleitesía y admiración.

Lo más visto

Subir