Opinion

Nos estamos quedando sin referentes

Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

14 septiembre 2019

La ausencia de nuevos liderazgos, un sistema corrupto y un capitalismo salvaje ha generado inexistencia de referentes nacionales positivos.

Entre la gran mayoría de las sociedades occidentales, y muy particularmente la colombiana, el éxito esta medido por la abundancia de posesiones materiales, solo aquellos que logran ostentar cierto nivel financiero, son tomados como referentes entre aquellos que planean su futuro. Hasta ahí no habría ningún problema, si no fuese porque jamás se evalúa o se reprocha, el procedimiento o los mecanismos usados por quienes, a costa de los mejores valores del ser humano, logran obtener algún capital económico relevante.

El individualismo exacerbado ha permeado tanto nuestras conciencias, que los liderazgos no son generados por la capacidad de cohesionar personas que vislumbran un cambio, o cultivan la esperanza de un mejor futuro. Los nuevos liderazgos son el producto de discursos que despiertan el odio entre semejantes, o que encantan con pequeñas promesas que alivian por instantes alguna necesidad.

Los mejores referentes nacionales hoy solo se encuentran en el campo deportivo, individuos que, en su mayoría, a fuerza de disciplina, persistencia y fe, han logrado escalar a niveles de reconocimiento global, sin embargo, su papel y apuesta social, está lejos de despertar cambios en los esquemas mentales. Si bien son el ejemplo del verdadero éxito, no les interesa aprovechar su posición para ejercer liderazgos.

Galán, Gómez Hurtado, Jaime Garzón, Rodrigo Lara, Enrique Low Murtra, fueron líderes que inspiraron algunos a cientos, otros a miles de colombianos frente al propósito de construir una mejor nación. Algunos con más reconocimiento que otros, algunos menos entendidos que otros, pero todos con el propósito de querer influenciar de la manera correcta, a colombianos que los veían como ejemplo a seguir, como referentes de cambio. El narcotráfico no solo mato a líderes sin igual en Colombia, asesino los valores y las conciencias de varias generaciones, dejo en evidencia nuestro interés por adquirir posesiones a toda costa, y despertó un revanchismo y sed de venganza ante cualquier afrenta.

Bajo esta idea, es que hoy se construyen los liderazgos nacionales, todos tanto de derecha como de izquierda acuden al discurso entre malos y buenos, y todos quieren en lo particular cultivar ilusiones a sus crédulos lideres, bajo la promesa de un mejor y más cómodo trabajo, que permita acumular de manera rápida y sin esfuerzo el dinero que tanto se admira en aquel que lo tiene. 

Nos guste o no, solo el ejercicio de la política, aquella que permite la construcción de Estado bajo la administración de los gobiernos, genera reales cambios sociales, solo este ejercicio hoy tan devaluado tiene el poder de construir mejores naciones; Sin embargo, hoy quienes compiten por ejercer este poder, ganan las elecciones explotando las necesidades más básicas de los ignorantes, y despertando la codicia de los más aventajados.

Son a estas personas a quienes le estamos dejando el futuro de nuestro país, hijos de una cultura traqueta, que hoy estamos elevando a las más altas dignidades, rebajándonos nosotros mismos, pues son a ellos a quienes de una u otra manera tendremos que acudir rogando el cumplimiento de una promesa.

No se trata de elegir a quien más pergaminos tenga, no se trata de elegir a una persona por revanchismo con otra, y mucho menos aquella que se apega al discurso que divide y confronta con rabia y sectarismo a la sociedad, que llega incluso a pervertir los anhelos de la juventud ingenua, tratando de asemejarse a ella, presentándose como uno más, pero respaldado por los peores vicios, se trata no solo de elegir una persona…

Se trata de elegir un propósito.

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