Tinto Político

MILAGRO, MILAGRO

Por: El Tábano.

En los últimos días se dio un gran milagro en una distinguida dama de la burguesía Manizalita (a quienes son de otros estratos se les dice manizaleños). Se trata de la encopetada doña Adriana, quien recuperó su memoria y recordó que existen unos especímenes azules a quienes se les denomina godos o conservadores.

Hasta hace poco, cuando su tierno hijito candidato no tenía rival que le ganara la gobernación de Caldas, ella no recordaba que existían. Milagrosamente, ahora, ha recuperado parte de su memoria y ha recordado que esa especie a quienes ella ha asimilado a los pigmeos o pitufos, tienen unos voticos que son muy importantes para los intereses de su aventajado vástago en estos momentos de escasez.

Hace cuatro años, después de las elecciones de octubre, renegó del godo y bisigodo Omar Yepes (esta clase de godo se escribe con b para diferenciarlo de los visigodos de Alarico I), quien en un acto de lambonería, adhirió a la candidatura de la encopetada Adriana para la alcaldía de Manizales, sin que se lo pidieran. Luego de su estruendosa derrota, lo responsabilizó de semejante debacle electoral. De ocupar el primer lugar en las encuestas, pasó al tercero de tres en las urnas.

Otro godo que cayó en el olvido fue el insípido Carlos Uriel Naranjo, quien pensó erróneamente, que el recibirle besos de cortesía en su mejilla de cráteres, la convertía en su mejor amigo, olvidando que, en lugar de hacerle avanzar la esperanza de llegar al primer cargo municipal, ella piensa que la ayudó a catapultar hacia la fría derrota.

A partir de aquella nefasta fecha, la encopetada Adriana eliminó de su escala de colores el azul hasta las elecciones presidenciales de 2018 en las que otra vez, el partido de Caro y Ospina que debería llamarse el de los lambones, terminó regalándose a la campaña de la marioneta de Iván Duque.

Ahora, doña Adriana decidió que sus nuevos mejores amigos serían de color rojo, ese rojo intenso de la fiesta brava a la que sus parientes nutren con astados de casta, y empezó a sufrir de un raro astigmatismo en el que lo azul lo veía rojo.

Avanzaba la campaña y se dio cuenta que el color rojo no era suficiente porque muchos alebrestados se indisciplinaban. Y ahí fue. Se dio el milagro, recobró su visión normal y vio a esos pigmeos y pitufos, aquellos azules ciudadanos cuyos votos también cuentan en las urnas, y empezó su asedio para invitarlos a formar partes de las tropas de su niño.

Ante la renuencia de la mayoría, recordó que con mermelada podía atraer a algunos de ellos que fueron cobijados con papel de nómina oficial desde su nacimiento, una minoría que se satisface con las boronas burocráticas que caen de la insaciable mesa del uribismo, y después de casi dos años de gobierno nacional, por arte de magia, apareció un nombramientico que recayó sobre una dama que dice ser conservadora y quien para posesionarse se hizo acompañar del jactancioso y empalagoso funcionario público que ahora la ve verde en su natal ciudad “Corazón de Colombia”.

Seguramente la encopetada aspirante a gobernadora en la sombra, piensa que la necesidad tiene cara de perro y ahora esos despreciables y detestables godos vuelven a ser importantes.

Bogotá, 11 de septiembre del 2019.

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