Opinion

El referendo del Gran-mentiroso

Por: Julián Andrés Henao Buitrago

Uribe aseguró en entrevista con la W radio el pasado 14 de junio que el referendo a la JEP no es iniciativa de su partido ­–Centro Democrático- pero que firmaría varios puntos que considera importantes; dicha afirmación se divide en dos partes, ambas falsas.

La primera es pretender que la ciudadanía crea que él es ajeno a los integrantes del comité promotor, los cuales, de lejos son uribistas pura sangre; aun peor, busca infundir que nada tiene que ver con las ideas del referendo aparte de compartirlas, cuando todos sabemos que las tenía escritas prácticamente a mano desde que comenzó públicamente su ataque en 2007 a la Corte Suprema de Justicia y a la Cote Constitucional con sus locuciones sobre el estado de opinión al que necesitaba ‘escalar’ Colombia.

La segunda parte de la afirmación la complementa respondiendo si firmaría el referendo: “hombre, yo pediría que me dejaran firmar por puntos”, y empieza a decir cuáles puntos, pero resulta que menciona todo el articulado, que consta de una reforma jurídica (eliminar la Jep y renovar las cortes), y una política (reducir el tamaño del congreso). También trata de confundir a la ciudadanía y/o los posibles signatarios, diciendo “firmaría por partes”, cuando es obvio que el formulario de recolección de firmas solo permite un renglón por ciudadano que sustenta su concierto en el contenido absoluto de la propuesta e indirectamente con la exposición de motivos.

Pasando al análisis general sobre el ataque a la participación política y la autonomía judicial colombiana, se pueden deducir varias cosas.

Primero, Uribe actúa de manera prácticamente abierta a lo que siempre ha pretendido: ser inmune y perpetuarse en el poder. No pudo con otro ‘articulito’ para su soñada segunda reelección; creyó reelegirse en cuerpo ajeno con Juan Manuel Santos y tampoco pudo; quiso poner de títere a Oscar Iván Zuluaga y le falto pelo para la moña, pero, ese pelo le creció durante cuatro años masajeándolo con el bálsamo del No en el plebiscito, peinándolo con el acondicionador del castrochavismo y planchándolo con la supuesta impunidad de los criminales de ‘la Far en el poder’. Eh aquí el resultado, el títere perfecto para convertir la patria en un régimen al mejor estilo chavista.

Segundo, el referendo es una estratagema para distraer la opinión pública y llevarnos otra vez al debate de la guerrilla, el acuerdo de paz, el Sí y el No, y desviar de nuevo los verdaderos debates que le urgen al país. Fíjense en la idea del referendo e inmediatamente lo asemejan a lo que se ha hecho estos 10 meses del gobierno Duque. Liderar un ‘cerco diplomático’ para acabar con la dictadura de Maduro, el caso Santrich y las objeciones a la Jep. Sólo esos tres temas ha puesto Duque sobre la mesa, porque notoriamente no tiene una agenda programática, Uribe sí. Y esos tres show’s han sido cortinas de humo para no llevar a cabo la implementación del acuerdo de paz, no investigar o destituir al ex fiscal de Odebrech-Aval, no responderle a EEUU por el crecimiento de los cultivos ilícitos y por disimular que ni siquiera tiene un plan nacional de desarrollo que una al país o al menos al congreso como prometió lograr desde que estaba en campaña. Este cuarto show llamado referendo libertad y orden debe tener algo que tapar como para que nos gastemos estúpidamente otros meses –como ya se está volviendo costumbre-.

Tercer y último punto, el referendo tiene fines electorales de cara a las elecciones de octubre. Ya sabemos que a Uribe le ha sido efectivo inyectar mentiras en la sociedad colombiana en época electoral. Siembra odio y recogerás votos. Les tengo todos los ejemplos. Para elecciones nacionales de 2006 se encargó de señalar que Carlos Gaviria (QEPD), su más fuerte contrincante en la carrera hacia la presidencia, era de la izquierda guerrillera y socialista, ganó y se reeligió; para 2010 en el mismo estilo de comicios dio a entender en múltiples valoraciones, incluso su entonces candidato Santos lo continuó, que Mockus representaba a esa misma corriente ideológica que no había podido triunfar en América latina y le caló; en 2014, según él y su séquito, ya Santos era el guerrillero y si ganaba gobernaría ‘la Far’, y aunque por primera vez fue derrotado generó una polarización tremenda contra nada porque si recuerdan a Timochenko le dieron piedra y huevo cuando trató de aspirar al primer cargo nacional y Santos ni se metió estratégicamente a la última contienda electoral en 2018 donde De La Calle, Fajardo y Petro eran los candidatos ‘pro Farc y castrochavistas’ y al país solo lo podría salvar de la venezolanizacion el chico joven, cool, medio futbolero, medio rockstar, ya que lo decía el presidente eterno. Ahora lo tiene, pero no le sirve para sumar sino para restar en el poder regional. Le conviene más poner a pulso los del lado de “Victimas No Jep” contra los de “Victimarios Jep” para que vayamos entendiendo de qué se trataban la valla publicitaria de hace unos meses. La Jep será el fondo del debate político y la nueva línea divisora en esta contienda.

Inconcusamente desde que llegó Uribe al poder nos ha estado mintiendo, y no nos ha dejado en paz –literalmente- ni un segundo. Es paradójico que el creador y a su vez enemigo del ‘castrochavismo’ esté procediendo con políticas más chavistas que en Venezuela. Recortar cortes e inventar una de bolsillo derogando tribunales especiales, aforados con segunda instancia retroactiva, reducir el congreso, inhabilidad retroactiva, curules especiales transitorias por dos periodos (de a dos para víctimas y desmovilizados). ¡Qué hombre más incoherente!, ¿de cuándo aquí le importa la efectividad jurídica cuando ha perseguido, chuzado y sobornado la justicia?; ¿de cuándo aquí cae en cuenta que el congreso hay que reducirlo por corrupto cuando le dio la espalda a la consulta anticorrupción por ‘inconstitucional’ después de que la utilizo para campaña en la segunda vuelta presidencial?; ¿de cuándo aquí le importan las victimas como para ofrecer miserables dos curules después de ser el autor del hundimiento de las dieciséis por circunscripción especial que correspondían según lo pactado en La Habana, con el discurso además que al congreso iban a llegar ‘dieciséis personas cercanas a la guerrilla’?

Confiemos en la sensatez del congreso entre los independientes y la oposición y en la Corte Constitucional para que este referendo inconstitucional, avivador de odios y autoritarismo no proceda.

Bogotá, junio 17 de 2019.

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