Opinion

La paz este con todos

Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

20 abril 2019

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó en prisión a quien fuera el autor material y tal vez intelectual del atentado que sobre él se cometió, no solo estaba presentándose ante el mundo como un ser humano con la capacidad de brindar perdón, sino que estaba cumpliendo una obligación dada su investidura como sumo pontífice de una religión en la cual el perdón es uno de los pilares fundamentales de su credo.

Creer en el perdón, y más aun brindar perdón, es una de las acciones más difíciles, pero a la vez más meritorias de quienes creemos en la enseñanza de Jesús Cristo hijo de Dios.

No han sido pocas las veces que nuestro país ha tenido que recurrir al perdón, o por lo menos intentado llegar a él, para solucionar diferencias políticas y militares con el fin de tratar de construir una mejor nación. Desde los acuerdos para frenar las guerras del siglo XIX que definieron una etapa de nuestra vida republicana, conocida en nuestra memoria histórica como “La Patria Boba” en cuyo marco temporal se desarrollaron conflictos entre Golgotas y Draconianos, o la Guerra de los Supremos hasta llegar a la guerra de los mil días; pasando por los acuerdos para apaciguar los conflictos del siglo XX en los cuales se desarrolló la terrible violencia bipartidista, la Paz de Rojas Pinilla y los acuerdos con los bandolores de ese entonces, hasta la violencia con las guerrillas que inclusive desarrollarían varios acuerdos de paz, incluyendo el del M-19, y que fueron defendidos a ultranza por Senadores como Álvaro Uribe Vélez, los cuales en parte desembocarían en una nueva constitución.

Esa misma constitución sería quien presentaría a nuestro Estado, como un país secular en donde ya no se consagraba como una república católica, pero que sin lugar a dudas seguía manteniendo o promoviendo los principios cristianos.

Los pasados acuerdos con la guerrilla de las FARC son todos menos perfectos, inclusive sirvieron para consolidar discursos en todas las vertientes políticas del país, tanto en contra como a favor, sin embargo es un hecho nacional e internacional que dichos acuerdos se desarrollaron por dos partes plenamente reconocidas a nivel mundial, tan así fue, que los textos marco de dichos acuerdos fueron depositadas en las Organización de las Naciones Unidas. Desconocer o faltar a dichos acuerdos es tan irresponsable como quien derriba un edificio porque sus ventanas quedaron desajustadas.

Es hora que tanto detractores como defensores de dichos acuerdos se pongan de acuerdo más allá de los intereses electorales para que el desarrollo de los mismos contribuya a una paz estable y duradera y no se cometa la inmadurez política y el absurdo jurídico de hacer trizas unos hechos jurídicos que ya hacen parte de nuestro marco constitucional.

Como cristianos y en particular como católicos, debemos por lo menos tratar de una vez por todas de brindar perdón a aquellos que lo han buscado, eso no quiere decir que abandonemos la justicia. El marco jurídico para la paz es una herramienta que permite, en el desarrollo de dichos acuerdos, buscar una justicia para víctimas y victimarios, una justicia inclusive menos laxa que la que se trato de imponer en los acuerdos con los Paramilitares y que fue la Corte Constitucional quien se vio obligada a ajustar para evitar, ahí sí, toda posibilidad de evadir penas proporcionales al delito, todo ello en el marco de acuerdos transicionales.

No es difícil de entender como las victimas más golpeadas por el conflicto, aquellas que viven en las zonas más alejadas de la modernidad colombiana, sean quienes hayan brindado con mayor espontaneidad, sinceridad y fe el perdón a sus victimarios.

Permitir que un discurso político promueva el odio y evite el perdón es todo menos cristiano, mas aun para partidos políticos quienes tienen como altos representantes a pastores y líderes religiosos, da vergüenza ver como estos partidos ven con mayor oportunidad la posibilidad electoral de promover la venganza y no la real fe cristiana.

Lo más visto

Subir