Opinion

POLARIZACION Y PAZ

Por: Hernando Arango Monedero, Ingeniero y abogado, empresario, exrepresentante a la cámara, exalcalde de Manizales y Director General del SENA.

14 diciembre 2018

En las redes sociales, definitivamente, no hemos entendido que una cosa es la polarización, y otra es la paz. De esa manera, nos encontramos con algunos de los más asiduos promotores de la paz, lanzando dardos a diestra y siniestra contra sus opositores de pensamiento político, asignándoles toda clase de adjetivos que poco tienden a fortalecer la paz que dicen pregonar y defender.

Podría uno pensar que tal actitud tiende más a plantear una guerra, similar a la que vivió el país en las peores épocas de la rivalidad partidista y sobre la que no podremos ponernos de acuerdo si era aupada por los liberales o por los conservadores, pero de la que, en últimas, sí nos quedó la peor de las épocas de violencia que hayamos vivido.

Y como de la historia algo hay que aprender, bien valdría la pena que por un minuto miráramos atrás para encontrar la similitud de lo que en aquellos aciagos años se dio y lo que en los días que vivimos estamos desarrollando. Si antes la ofensa se daba en llamar cachiporros a los unos, en tanto aquellos se referían a los otros como godos, vocablos que para los unos era inadmisible, como lo era igualmente insultante para los otros.

Y hoy, sin más y sin menos, quienes se acogen a un bando, llaman a los otros uribestias, o cosa parecida, seguidores de Uribe, en tanto los otros son simples chavistas o maduristas, seguidores de Petro y sus nefastas orientaciones. Este último, concitando movilizaciones de toda índole por cualquier situación que a sus intenciones se oponga y, los otros, sin ningún límite, indicando los problemas que sobre el país sobrevendrían de instaurarse un régimen comandado por su líder.

Y no ahorramos desafíos, no economizamos señalamientos ni omitimos oportunidad para destacar como propio de todo un sector, el error o el desliz de quien figure como importante en el grupo político al que hay oportunidad de atacar. Tampoco se evita el señalar como persecución política el señalamiento del error en el que incurre aquel que quiere excusar su responsabilidad en el hecho que se señala, razón que le autoriza a concitar a sus seguidores para que aquello sea redimido, diríamos, por la razón o por la fuerza. Fuerza que en veces confundimos y es acatada por algunas mentes primarias y que pueden, en un momento dado, generar la chispa que encienda enfrentamientos más radicales como los ya vividos años atrás con la muerte de líderes queridos por el pueblo o parte de él.

Y en medio de este berenjenal, se encuentra el Presidente, ciudadano que ha querido desarmar los espíritus y aminorar la polarización, cosa que en el sentimiento de las personas sensatas es necesario. No obstante, si bien muchos queremos que esa pugnacidad baje, en otros se le demanda al presidente ser más contundente, diríamos más agresivo. Paralelamente que sea más radical en términos de la repartición de la participación partidista de cargos en el Ejecutivo; cargos y repartija que fue uno de los factores que antaño dio lugar a persecuciones partidistas y al malestar que se constituyó en combustible para la violencia que nos azotó. 

Todo parece indicar que si bien odiamos la llamada mermelada constituida siempre como elemento fundamental para el desenvolvimiento del gobierno y el éxito en el trámite de leyes y aceptación de las disposiciones gubernamentales, ahora que tales procedimientos no están a la orden del día, se clama por ello. De allí que se quiera, cuando no se está exigiendo, que haya cambios en los ministerios. También que se “engrasen” los proyectos legislativos para asegurar su éxito. De ello hablan hasta los compromisos adquiridos por todos en las llamadas leyes “anticorrupción”, de lo que poco tienen, pero que eran compromisos de todos.

Quizás sea hora de que el país pensante, no el primario, reflexione y decida si seguimos impulsando lo que hoy se maneja con facilidad e irresponsabilidad en las Redes Sociales y que claman, como no ocurrió antes, a radicalizar aún más el sentimiento político llamando a asumir posiciones cada vez más extremas, de donde nada bueno puede ni podrá esperarse para la paz del país.

Es hora de asumir posiciones para bajar el clima político y llevarlo al campo de lo ideológico meramente y evitar las expresiones incendiarias que venimos escuchando y padeciendo.

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