Opinion

REFORMA TRIBUTARIA

Por: Hernando Arango Monedero, Ingeniero y abogado, empresario, exrepresentante a la cámara, exalcalde de Manizales y Director General del SENA.

10 octubre 2018

En cuanto se habla de reformas tributarias todo el mundo sale a esconderse. Los unos porque a los salarios e ingresos bajos no se les pueden cobrar impuestos, los otros, porque a los capitales se les espanta en la medida en que esos impuestos son altos comparados con los de otros países, razón por la cual escapan del país y se van a lugares más amables, desde donde podrán producir y exportarnos sus productos sin tantos problemas, tal y como ha sucedido con Guillette. Y a toda esa barahúnda, le salen los oportunistas y politiqueros que cargan para defender a las clases medias y bajas, como llaman ellos, y claman contra los que generan empleo sin distingos ni objetividad, sin pensar que el empleo también es importante para la sociedad.

Como creo que las Universidades deben apersonarse y convertirse en centros de discusión y generación de propuestas en los diversos campos de las necesidades nacionales para, bajo su auspicio, con la dirección de expertos en las diferentes materias y con la participación de sus docentes, de la comunidad y los estudiantes, para que se propongan fórmulas que sean consideradas por el legislativo y el ejecutivo, en ese orden de ideas, la Universidad Nacional en su “UN Periódico”, No. 220, expone que: “Reforma Tributaria está buscando donde no es” como titula su artículo el señor Jairo Orlando Villabona, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas.

Analizado el argumento del citado docente, el sugiere que los impuestos a las empresas no son superiores al 50% como se estima en otros círculos de la economía, razón por la que estima que la tasa efectiva sólo llega al 20,4%. Posiblemente en los fundamentos del docente se olvida que la base es del 33%, y no incluye otras cargas que sobre el empresario recaen, como es el caso del impuesto de industria y comercio, el predial, los parafiscales sobre los salarios y otras arandelas que a cada rato nos inventamos y que finalmente son onerosas para el empresario, como los trámites y disposiciones que hacen más costosa la gestión empresarial. Todos esos elementos deben ser considerados como carga tributaria, o como se le quiera llamar, y gravitan sobre la operación empresarial y sobre la misma generación de empleo.

Piensa uno que, a las empresas, como entes generadores de empleo y bienestar social, se les debe dar una protección especial, de tal manera que sean atractivas para que en ellas se aúnen capitales y ese generar empleo redunde en oportunidades para los integrantes de la sociedad.

Cosa distinta es el gravamen sobre las utilidades. Esas utilidades si deben ser gravadas, y si no son distribuidas se graven en cabeza de la empresa y si son distribuidas, lo sean en cabeza de los accionistas o socios, en proporción a lo que estos reciben de la empresa. No como hoy, que como patrimonio no tienen impuestos, salvo por la renta presuntiva, y no son gravadas como dividendos o participaciones. La empresa hará retenciones en la fuente al pagar las participaciones en proporción a ellas. Así, la empresa como tal sólo tendrá un gravamen bajo, muy bajo, y el reconocimiento por la generación de empleo, que debe ser su finalidad fundamental y el medio de abrir oportunidades y bienestar general.

Los ingresos de las personas tienen que tener un gravamen, desde luego, gravamen que debe ser directamente proporcional volumen del ingreso y que potencialmente alcance los niveles que en el mundo se tiene para similares montos. Quien poco gana, pague poco, más, quien gane mucho, pague mucho. Todo, sin la maraña de exenciones por X o Y concepto, lo que hace que se preste ello para los escapes, no siempre santos, que se dan hoy en día con una legislación complicada, farragosa. Así, los salarios con la retención en la fuente habrán pagado el impuesto que les corresponde, y siempre estarán en el nivel de ingresos básicos y sobre ellos irán los demás ingresos, ingresos totales sobre los que se liquidarán los impuestos.

Y la propuesta que se hace sobre herencias resultará inane, en la medida en que todos irán estructurando sus sucesiones en vida, trasfiriendo bienes o creando pasivos antes de pagar el 50%. Potencialmente una distinción proporcional no extremadamente gravosa, pueda caber sin que haya que llegar a la defensa legítima de patrimonio que decía el expresidente Lleras Restrepo.

Finalmente, para aspirar a imponer tributos en los niveles de los países de la OCDE, hay que ofrecer retornos similares del Estado a la población. Ah, y cárcel para los evasores y, además, Inspectores de Tributos, que den cuenta del nivel de vida de algunos y su relación con el ingreso declarado, pues hay opulentos que tributan poco.

Manizales, octubre 1 de 2018.

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