Opinion

EL BAZAR

Por: Hernando Arango Monedero, Ingeniero y abogado, empresario, exrepresentante a la cámara, exalcalde de Manizales y Director General del SENA.

16 agosto 2018

En nuestro país, de conformidad con lo que se nos viene proponiendo, no hay lugar para las medias tintas, y menos para disentir.

De esa manera, quien votó en contra del acuerdo que se tenía firmado en Cuba, para “hacer la paz” con las FARC, era, desde el ángulo del gobierno, enemigo de la paz y por consiguiente, amigo de la guerra. Allí no había espacio para disentir sobre algunos términos consignados en el librajo que contenía el tal acuerdo. NO!, ¡Se aceptaba lo allí establecido o no! No había espacio para opinar o para decir que: Entregar 5 curules a Senado y 5 a la Cámara era un exceso. O decir que el otorgamiento de derechos políticos a los cabecillas de las FARC, sin haber acudido a la JEP y haber pagado por los crímenes de lesa humanidad, así fuera con una leve llamada de atención, quizás no cárcel, era un despropósito. O decir que establecer como delito político conexo con la rebelión el tráfico de estupefacientes, era materia grave y un antecedente nefasto. Todas estas consideraciones se tomaron como un ataque a la paz, así, sin más y sin menos, y se llegó a decir que estas premisas u observaciones formaban parte de grandes mentiras sin sentido esgrimidas por la oposición o por los que sólo deseaban la guerra.

Todo ello se enmarcó entre los amantes de la paz y los amantes de la guerra, lo que sin lugar a dudas polarizó a los colombianos. Y los polarizo más cuando los integrantes de la FARC, responsables de los peores crímenes, están sentados en el Congreso sin acudir a la JEP. Cuando no entregaron las rutas de narcotráfico. Al no entregar bienes para resarcir a las víctimas. Ante la ausencia de verdad, y reparación sobre sus acciones. Aún, hoy, hay quienes creen que hay colombianos que se nieguen a la paz. Paz que muchos esperan obtener con consideración a la mesura en lo otorgado y a la no entrega del país, cual vencido, a las FARC, grupo que, sin lugar a dudas, tiene ya, el estatus de vencedores y así se comportan. De allí que los miembros del Ejército y la Policía están ante la JEP, no así los cabecillas de las FARC. Ellos en el Congreso. Ah, y no se trata de que NO haya sanción para quienes, desde el Estado, cometieron crímenes. No!

Y ahora, para este mes se nos ha llamado a que acudamos a las urnas para “derrotar la corrupción”. ¿Será tan simple como que si todos votamos ¡ACÁBESE!, se acaba la corrupción?

Ya veremos que los votos a favor de ese ¡ACÁBESE! No serán suficientes y, por consiguiente, no será aprobada. Y como colorario, seremos el primer país en el planeta que, a “contrario sensu”, al no haber alcanzado la votación necesaria para “acabar la corrupción”, habremos votado a “favor de la corrupción” Claro, en la mente de algunos, desde luego.

Y vaya dolor de cabeza. Antes, votando a favor de la guerra y ahora votando a favor de la corrupción. Y ni que decir sobre lo que sobre este esperpento de consulta se derivará para los colombianos. ¿Será posible achacarle a alguien el despropósito?

Ensayemos: Primero diremos que a los que “idearon el esperpento” y luego a la falta de sindéresis mental de nuestros congresistas, los que, para no quedar mal, aprobaron la tal consulta a pupitre limpio al final de la legislatura pasada, porque, de no haberlo hecho, a ellos les habrían endilgado el promover la corrupción, por conveniencias, o porque son corruptos o por lo que fuere.

Espero no equivocarme en mi presagio, pero me temo que será así. Y cargaremos con el doble estigma: Guerra y corrupción. Ya veremos.

Manizales, agosto 6 de 2018.

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