Opinion

AUSTERIDAD EN LAS CONDECORACIONES OFICIALES

EDITORIAL

05 agosto 2018

En otrora, las condecoraciones eran homenajes que las autoridades hacían a personas o entidades que se destacaban por su trabajo altruista en bien de la sociedad o por haber dejado en alto el nombre del nombre del ente territorial.

Era un reconocimiento que representaba un verdadero honor para su destinatario. A través de los años esa noble costumbre se ha venido desdibujando para convertirse en actos de lambonería y lagartería. En la mayoría de los casos, quien las solicita o las otorga, buscan congraciarse con un personaje y tras de ellos va su intención soterrada de conseguir algún beneficio. En otros casos, lagartos profesionales intrigan ante el integrante de una corporación pública para que sea exaltado, la mayoría de las veces, sin saberse el por qué.

Generalmente a los pobres secretarios les toca hacer esfuerzos casi sobrehumanos para elaborar la resoluciones o decretos de honores buscando virtudes y ejecutorias que no existen, o sobredimensionando mínimas ejecutorias, lo que termina sorprendiendo a los mismos homenajeados quienes deben pensar: “Y cuándo hice todo eso que no me di cuenta”.

Son cientos de millones gastados durante los últimos años por la Asamblea Departamental de Caldas y el Concejo de Manizales en condecoraciones, Llegó el momento de colocarle freno a ese desagüe de recursos públicos y limitar esos homenajes para que los destinatarios sean quienes verdaderamente lo merezcan.

Estas Corporaciones reparten condecoraciones como hojas volantes. Por eso se dice jocosamente que quien pasa frente a las instalaciones donde sesionan, corren el riesgo de ser condecorados.

Los actos solemnes y que eran todo un acontecimiento donde se recibía un homenaje de esta clase, hacen parte del pasado. Ahora son tantos los condecorados en una misma sesión que les toca hacer hacen fila para recibir su galardón, Con esa feria de condecoraciones se pierde su valor real.

Un buen control, entre otros, sería implementar lo que hizo la Cámara de Representantes en 2010 cuando decidió que cada parlamentario asumiría todos los costos que implicara la condecoración solicitada. O también ,que sean aprobadas por la mayoría calificada de la Corporación o se establezcan una serie de requisitos para ello.

No más despilfarros en condecoraciones, austeridad en ese gasto.

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