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“O cambiamos o nos cambian”

Por: Mario Arias Gómez

“El primer requisito para ser un buen gobernante, es ser una buena persona”. Arturo Yepes

Sin alardear, dicha condición, ampara a Iván Duque, excelente y solícito legislador, competente exfuncionario internacional, austero, con envidiable inteligencia, persona cordial, sencilla, simpática, de buenas maneras, sin afectaciones, ajeno a  toda solemnidad, prepotencia; quien hace parte -repito- de ese 75 % de colombianos, por debajo de los 45 años, con más futuro que pasado, que brilla con luz propia, fortificado -en buena hora- por su curtida fórmula presidencial, representante de los remozados principios de, Caro y Ospina, enraizados por jefes históricos, que por años marcaron su hoja de ruta, distorsionados hoy por los ‘barguiles’, los ‘andrades’ que en el mundo han sido, y que el godo raso, sueña sustituir por líderes incontaminados, como Juan Diego Gómez, quien esperanzadoramente desbrozó el camino que condujo al nada vanidoso, Iván Duque, donde llegó con los caros preceptos conservadores: Orden, Libertad, Familia, Propiedad, Libertad de expresión, de reunión, culto, defensa institucional.

Partido, que condena todo acto contra el orden constitucional, legal, moral, contra la igualdad, tolerancia, propiedad, civilización, sea quien fuere el que lo cometa, bagaje doctrinario incorporado al proyecto político liderado por Iván Duque -cimero capitán que no genera anticuerpos-, al que sus impostados antagonistas (Germán Vargas-Gustavo Petro), descalifican por su falta de recorrido público, convertida en fortaleza, al presentarlo como un dirigente correcto, inmaculado, íntegro, pulcro, transparente, que dan sustento, soporte a su creíble programa de gobierno: “Optimizar y focalizar el gasto público; garantizar la sostenibilidad fiscal; finanzas territoriales; sistema de salud; repensar, mejorar -en un clima de distención- el Acuerdo de Paz, tema súper-sensible, incluido el desarme, narcotráfico, impunidad, crímenes de lesa humanidad, la JEP -justicia especial para la paz”-.

Con él se pondrá fin al trillado estribillo: “Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”. Abstinencia que puede generar la remota elección de una descalificada e impopular opción, como el intemperante y megalómano, Vargas Lleras, cuyo diabólico séquito lo deslegitima, evidencia que, en inusitado arranque de sinceridad, notificó -obvio para la exportación- a sus secuaces: “se acabó la robadera”. Inequívoca realidad que ha puesto al país decente, ante la disyuntiva: o rescata la democracia y sepulta de una vez y para siempre la vieja casta política, o se somete a ella por otro siglo.

Dado que “la política es dinámica”, el pueblo pide a gritos, mirar hacia el futuro, convencido de que las diferencias políticas se resuelven con votos, no con balas, con debates, argumentos, no con violencia, razón para invitar comedidamente a los indecisos, a repensar -con amor patrio- el voto,  hacerlo -luego de sopesar las distintas alternativas- por un cuarentón limpio, estructurado, refrescante; en aras de una patria mejor; motivados por el ‘voto útil’, urgencias que encarna sin extremismos estériles, Iván Duque, ‘adalid del futuro’, erigido sobre consensos, alejado de odios heredados, insostenibles, cuyas atractivas propuestas, sobresalen entre las demás: Cimentar una sociedad incluyente, equitativa, moderna; igual, el crecimiento económico; la transformación de la estructura productiva; atender el atraso, la inequidad e insolvencia regional; suplir la falta de empleo, con sus secuelas: la inseguridad e inestabilidad social, la violencia; afrontar el flagelo de la corrupción; optimizar la justicia; atender el arduo problema de la informalidad. Temas -a cuál más- prioritarios para Colombia.

Abundantes razones -y muchas más- cuya solución, se confía, a un colosal, racional e impoluto valor humano, como lo es, Iván Duque, avalado por una hoja de vida, intachable, respetuoso de la controversia, a la que le imprime otro tono, otra manera de decir las cosas, quien reitera el compromiso de restituir las cátedras: cívica, urbanidad (Ley de la Educación/1994), “que siembren nuevamente valores”. Asegura: De llegar al solio de Bolívar, seré el presidente del futuro de la nación, de la esperanza, de los compatriotas; certifica que respetará la libertad de cátedra, expresión, promesas -lo dice tajantemente-, que implican no ser apéndice de nadie.

Planteamientos que son el salvoconducto legítimo para llegar a la Presidencia, que se dará -y no ensillo antes de traer la bestia- en la medida en que ningún compatriota de bien, sea indiferente a la cita pendiente con la historia, que no asuma riesgos innecesarios, que privilegie la esperanza frente al desaliento; el consenso sobre la confrontación; la inclusión frente a la exclusión; la prudencia -en lo político y económico- frente al aventurerismo, el populismo, la guerra.

Por tanto, vote amigo, por el que es, Iván Duque

Bogotá D. C., 25 de mayo/2018

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/

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