Opinion

“El futuro es de todos, juntos lo vamos a construir”

Por: Mario Arias Gómez

23 mayo 2018

Sin pretensión, continúo el análisis del momento político, unido a las propuestas de los candidatos, que inicié de atrás hacia adelante, según la opción que registran las encuestas, correspondiéndole hoy al carismático y bizarro, Iván Duque.  Llamado hecho por el más probable vencedor, que utilizo como título, el cual, infunde ardor, vehemencia, dinámica, y optimismo, a la infinidad de admiradores, a la espera que no sea, un mero arrebato coyuntural, cuando el país, anhelante, requiere de altura de miras, de unión, a objeto de enfrentar la perniciosa corrupción -política, económica-, polarización, violencia, que -descorazonadoramente- lo lleva de culo p´al estanco, origen del borrascoso deterioro moral, institucional.  

Negro horizonte, al que le cae bien la provechosa invitación de Iván Duque -un hombre bueno, sincero, franco, ecuánime, culto, conciliador, incluyente, reflexivo, intelectualmente maduro, respetuoso de las instituciones, del pensar ajeno, sin complejos adanistas, de superioridad, infalibilidad, que no está repartiendo coscorrones, ni avivando odios, ni excomulgando a nadie. Un ser a carta cabal, con innatas cualidades, el dirigente más indicado, para los actuales difíciles tiempos, que los acrecentaría -aún más- la llegada de uno cualquiera de los narcisos, incorregibles y soberbios candidatos que lo escoltan, lo que implica -sin falsa alarma-, el descalabro -político y social- (qué duda cabe), espoleado por una trasnochada ideología e hipócrita, memorizado discurso.  

Distintos a Duque, que propende por aunar voluntades, sin componendas, capaz de rescatar la armonía, civismo, construir futuro, consecuente con su oferta: gobernar con grandeza, pensando en el porvenir de las generaciones venideras, alejado de posiciones divisionistas, exclusión, maquinación, monopolización, pugnacidad. Tarea misional, que incluye el cambio climático; respeto al medio ambiente; desarrollo sostenible; energías limpias, renovables; corregir la ineficacia del Estado; la falta de seguridad jurídica; combatir la corrupción; la endémica desigualdad; injusticia; pobreza; adelantar reformas consensuadas -constitucional, judicial-. Impulsar el progreso, desarrollo; democratizar los medios de producción, la tierra. Temáticas que atañen a un mejor-estar, calidad de vida “para todos y con todos”.

Su proclama, Duque “es el que es”, recuerda el pasaje bíblico, en que desde la zarza ardiente del monte Sinaí, el ¡Ser Supremo!, le dice a Moisés: “Yo soy el que soy”. En el caso de Duque, acreditan su decir, las mejores universidades del país, de EE.UU., en las que se formó como abogado, profesor, especializado en finanzas, administración pública, derecho internacional. Su experiencia -13 años- se reparte entre: la CAF, BID, ONU, Senado (2014-2018), autor de cinco importantísimas leyes, calificado -dos veces-, como mejor congresista. Nadie brilló tanto en tan poco tiempo en el Congreso. Aplastante y tozuda realidad, que nutre su laboriosa,  ponderada y coherente gestión.

Tacan burro los insolentes y viperinos detractores que, ahogados en el pozo de la amargura, señalan -con espíritu de pandilla- que, la fuente de legitimidad del -para ellos- perro faldero, emerge del calculador dedo del recalcitrante padrino, que ‘mutatis mutandis’, lo sacó de entre la manga, omitiendo la selección democrática a la que se sometió y consagró -en franca lid- como portaestandarte del CD.  

Envenenados, cerriles y tóxicos opositores que, en su pequeñez, de manera, harto peyorativa, escupen -de mala leche- bilis, al endilgarle ser clon del expresidente; un prójimo, Duque, sin inteligencia, criterio, que desconoce la palabra independencia; qué sería -de darse- un Presidente señuelo, simbólico, de opereta, falto de luces; una veleta al caprichoso vaivén de los vientos; un telonero; mandadero que, postrado de hinojos, sería ejecutor de órdenes preestablecidas.

Su aparente inexperiencia, gracias a sus 42 años -que cumple en agosto-, es precisamente, su gran fortaleza -que lo posiciona positivamente y presenta, como líder incontaminado, transparente, ausente de corruptas prácticas clientelistas, incrustadas en la primitiva, incorregible e indeseable clase politiquera -reproducida por generación espontánea- que será destronada -Dios mediante-, por él, en compañía de los colombianos de bien, empeñados todos en reinventar la patria. Es cierto que políticamente, se ha formado bajo la sombre de Uribe, quien, producto de su inteligencia, disciplina, interlocución, honestidad, ha encontrado -paso a paso, poco a poco- la aceptación de esa otra Colombia, que no es furibista.  

Por si faltara remachar el clavo, sus ásperos enemigos, hacen el estéril (por fallido) cargo, que Duque será la mano vengadora del consabido jefe -tachado de cesarista- contra las Cortes, con agenda oculta, señalado -además- con sobrada maledicencia, de ser cuerpo de alquiler, en el que se reencarnó el maquiavélico, listo, malgeniado y temido señor del Ubérrimo.  

Agotado el espacio, continúo -de ser posible- mañana.

Bogotá D. C., 23 de mayo/2018

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/

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