Opinion

SÍ PERO NO ASÍ

“Entre menos personas haya en el congreso, más fácil será la aprobación de proyectos de ley para el gobierno en curso, para los de siempre y más difícil será para las personas que en realidad quieren un cambio para Colombia.”

16 Mayo 2018.

Desde el cambio de la constitución en 1991, luego de la Asamblea Nacional Constituyente que es el proceso que lo hace, las altas cortes de la rama judicial han sido protagonistas de varios escándalos de corrupción dentro de los que se destaca  el cartel de la toga, un caso en el que abogados y magistrados recibieron altas cantidades de dinero a cambio de incidir en decisiones judiciales en la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía. 

Gustavo Malo, Gustavo Moreno –el fiscal anticorrupción que salió corrupto, algo que solo pasa en el país del Sagrado Corazón-, Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte, Álvaro Ashton, Hernán Andrade, Julio Manzur, Musa Besaile y Luis Alfredo Ramos son algunos de los implicados e investigados en este asunto. No son los primeros ni tampoco serán los últimos (esto es Colombia). ¡Respeten! ¡Es hora de hacer un cambio! –que de hecho no vamos a tener, al menos este año, porque el Ministro de Justicia, Enrique Gil Botero, no le apostará a la tan anhelada reforma a la justicia. Estamos cansados de la mermelada, coimas y favores políticos, es hora de elegir a alguien por méritos.

Actualmente hay una oferta: un pague uno (se puede llamar “súper corte”)  y lleve cinco (la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura y el Consejo Nacional Electoral) como la propone el expresidente Álvaro Uribe Vélez… ¡ve! Iván Duque, el candidato del Centro Democrático. Sin embargo, si se llagara a unificar esto en un solo tribunal, la democracia entraría en riesgo debido a que no habría la suficiente diversidad para mantener un poco más equilibrada la balanza del poder. Un solo partido político o bando se apoderaría de este y haría que la participación política de la oposición del gobierno en curso no tenga ningún tipo de oportunidad justa. Independientemente de los múltiples pros y contras que tenga dicha propuesta.

Supongamos: Iván Duque gana las elecciones para ir a la Casa de Nariño y Uribe presenta el proyecto de ley en el cual se presenta esta propuesta; el Congreso que son 268 personas, de las cuales 51 (19 en el Senado y 32 en la Cámara de Representantes)  son  del Centro Democrático, más los votos que consigan aparte, lo aprueba -en un acto legislativo que consta de 8 debates intercalados entre Senado y Cámara- quedarían mandando y siendo los <<niños grandes>> de este gran patio para el recreo; o diciéndolo en palabras más técnicas y aterradoras: volveríamos a quedar en manos de la religión del uribismo, bajo las normas del dios Uribe Vélez y del Profeta Duque Márquez. Volveríamos a la época de los falsos positivos en los campos, las chuzadas y cómo olvidarlo, la Yidispolítica.

En el país, más de 130 magistrados tienen ingresos salariales cercanos a los USD $10.000, se puede decir que este es el precio de la democracia y es una de las razones de esta propuesta del candidato títere, la pregunta es ¿vale la pena gastar esta plata para salvar la democracia o es un desperdicio?

Pasando de tema, pero quedándonos en el mismo, ¿cómo es posible que Don profeta Duque diga que necesitamos mermarle personas al Congreso? Tanto critican la dictadura de Maduro en Venezuela y tanto critican el <<castrochavismo>>, que le están siguiendo los pasos de una u otra manera. Entre menos personas haya en el congreso, más fácil será la aprobación de proyectos de ley para el gobierno en curso, para los de siempre y más difícil será para las personas que en realidad quieren un cambio para Colombia. Bien hacía un sabio al decir que los extremos se terminaban pareciendo, porque eso es lo que actualmente vemos en Colombia, dos extremos queriendo llegar a una dictadura y hasta me atrevo a decir que más la quiere la derecha que la izquierda.

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